Información y tolerancia, ¿claves de la unidad nacional?
Acaso el clima de la relación bilateral México-Estados Unidos de América no había estado tan predispuesto a la ruptura como hace poco más de
un siglo (entre 1913 y 1917).
El discurso explosivo de Donald Trump, nuevo inquilino de la Casa Blanca, encendió reacciones defensivas por sus desplantes y acusaciones xenófobas. En México, se organizan marchas y manifestaciones de protesta en un resurgimiento de la “unidad nacional”, una que, a su vez, produce debates y más desacuerdos.
Desde entonces la “unidad nacional” no había tenido por pretexto la invocación soberanista frente al peligro de guerra por invasión u ocupación militar proveniente del país del norte, es cierto, los efectos contemporáneos de afectación son diversos, pero no menos humillantes. Y también debería haber tolerancia interior para enderezar un rechazo compacto al “enemigo común”.
En ese tenso e intenso periodo de 1913 a 1917 podría decirse en licencia de sarcasmo que “a México le valió Wilson la relación con Estados Unidos y viceversa”. En otras palabras, un Wilson malo (pésimo) y un Wilson “bueno” dañaron a México por vías opuestas.
Mientras Victoriano Huerta consiguió con el polémico embajador Henry Lane Wilson el Pacto de la Embajada para gobernar con el consentimiento del vecino, la llegada al poder del presidente demócrata Woodrow Wilson implicó desconocer a Victoriano Huerta mediante la invasión de Veracruz que se prolongó de abril a noviembre de ese 1914.
Justamente en febrero de 1917, en que fuera promulgada la vigente Constitución, hubo incidentes de alta tensión entre las naciones vecinas. El cierre de ese contexto convulso corre desde 1914, cuando ocurrió intervención en el Puerto de Veracruz; la irrupción invasora del general Francisco Villa a Columbus en 1916 y en febrero de 1917 culminó sin éxito la incursión militar norteamericana en Chihuahua encabezada por el general John Pershing, persiguiendo inútilmente a Villa.
A pesar de encontrarse nuestro país en pleno proceso armado por los episodios de la Revolución Mexicana hubo instantes de unidad para rechazar al invasor y eso es lo que en estos momentos convendría ensayar. Es cierto, los incentivos perversos favorecen el aprovechamiento político partidista de la crisis diplomática y el ambiente preelectoral del 2018 condiciona comportamientos de los actores políticos al frente del ejercicio de hacer gobierno, como de los líderes parlamentarios y de los partidos políticos.
En aquellos aciagos meses de 1914 se recuerda la temporal mansedumbre de los más virulentos opositores al régimen de Victoriano Huerta y después al gobierno de Venustiano Carranza en 1917. Por encima de las irreductibles diferencias políticas, la agresión externa reclamó unidad básica para encarar el yugo externo. Al menos pactos de no agresión limitados a la superación de las hostilidades del exterior.
El derecho a la información y el derecho de acceso a la información pública cada vez más arraigados entre los mexicanos deberán servir para optar por la vía pacífica de las controversias domésticas, la momentánea pacificación nacional vendría a reformular las posibilidades mexicanas que exigen repensar los lazos con el mundo, toda vez que los que había con Norteamérica dejaron de funcionar (como lo venían haciendo).
El pasado 8 de febrero, en el Senado de la República, mi colega Ximena Puente de la Mora, al rendir el informe de actividades del Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información y la Protección de Datos Personales (Inai) correspondiente al ejercicio de 2016, aseguró: “El acceso a la información pública es un derecho irreversible y parte esencial del ejercicio de nuestra democracia”.
Al margen de diferendos importantes sobre la gobernación nacional en lo ordinario y particularmente en lo extraordinario, como ha sido el encarar las diatribas con Washington, debe estar la capacidad de tolerancia soberanista para intentar superar los lastres de esta nueva desavenencia.
