El Inai, entre la apertura y la privacidad: ¿paradoja mexicana?

Con motivo del Día Internacional de la Protección de Datos Personales, el Inai organizó el jueves un evento bajo el lema “La persona digital” y fue, justamente, el día 
en el que Donald Trump endureció su discurso antimexicano en tonos inadmisibles para una relación 
de buena vecindad. 
 

La indignación trae a cuento el lema de Benito Juárez: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, pero la ecuación para referirme a la apertura y la privacidad como reglas del respeto entre naciones y personas no aplica en la exacta proporción.

Mientras en la globalización, entre las naciones la apertura comercial (económica y diplomática) debe ser la regla de una relación estable y benéfica.

En la democracia moderna, entre las personas y, especialmente, entre cada persona respecto del Estado (sus autoridades) la privacidad debe ser la regla, la transgresión a la esfera de la vida privada de cada persona por otro particular o por algún agente estatal debe tener consecuencias grandes.

Sin duda, el “Gobierno abierto” es una cualidad democrática, en tanto el ciudadano tiene derecho a escrutar cuanto más sea posible de la gestión pública, pero a la vez un Estado democrático no puede propiciar un “ciudadano de cristal”, que es justo lo que ocurre en una dictadura: individuos cautivos a los que el gobierno controla y somete porque, además, los espía y les conoce mejor que ellos a sí mismos. Por encima del derecho ciudadano a saber todo sobre la actuación de las autoridades públicas está la garantía de que ese Estado habrá de tutelar la vida privada de cada habitante.

Por tanto, en la perspectiva de la globalización el discurso proteccionista del nuevo Presidente de Estados Unidos resulta incongruente con ese modelo económico de producción.

Imponer barreras comerciales, aplicar impuestos a los productos foráneos sólo por ser de tal o cual país es la negación de la era global y más aún levantar muros para evitar la inmigración, cuando el origen de esa nación es, precisamente, el valor agregado de los migrantes, es parecido a lo que en el pasado remoto empujó al aislamiento de China mediante su muralla para defenderse de Mongolia, sin embargo, el costo de ese aislamiento se tradujo en una guerra y en un rechazo al mundo occidental que tantos daños sigue causando.

Regresando al evento del pasado 26 de enero, ahí los presidentes de la Cámara de Diputados, Javier Bolaños; del Senado de la República, Pablo Escudero, y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Luis María Aguilar, así como Arely Gómez, secretaria de la Función Pública en representación del Presidente de México, rechazaron las amenazas de Trump y señalaron que la vía de la dignidad soberana es la legalidad.

Y, efectivamente, la probable modificación de la relación bilateral con Estados Unidos es algo que debemos afrontar.

Pero el debate nacional respectivo no debiera pasar por el abandono del esmero democratizador que hemos sostenido durante las últimas tres décadas y eso no puede parecer un error. La integración comercial con Estados Unidos y Canadá pasó por las exigencias de cláusulas democráticas y en paralelo por las que fijó la Unión Europea.

Una buena señal, ese mismo día, es que se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ley General de Protección de Datos Personales en Posesión de Sujetos Obligados (LGDPPSO). El Inai fungirá como la principal autoridad administrativa en materia de protección de datos personales tanto en el sector público como en el sector privado.

La nueva dirección de la nave nacional tiene que ser la profundización democrática y la tutela de la privacidad es una carta credencial que colocará a México como un destino conveniente en términos de competitividad económica y cívico-política de cara a explotar las demás alternativas que nos ofrecen potencialidades. ¡Seguro que vendrán tiempos mejores!

Temas: