El INAI, Lujambio y “la fuga de talentos”

1.El Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información y Protección de Datos Personalesrindió un sentido homenaje al destacado politólogo Alonso Lujambio Irazabal, quien fuera presidente del IFAI entre 2006 y 2009.

Lujambio nació el 2 de septiembre de 1962 y falleció el 25 de septiembre de 2012, apenas medio de siglo de vida, que empero lo reflejan a tres años de su partida como “un pensador de nuestra época, dueño de una inteligencia sensible y cordial que reinvindicó el papel del politólogo en una democracia”, afirmó Jesús Silva Herzog Márquez. Lujambio fue desde la percepción de Rafael Estrada Michel: “un investigador de la historia esmerado en reinterpretar la influencia concreta del pensamiento de los forjadores de la República a lo largo de su expansión” y para Roberto Gil Zuarth, Lujambio fue un articulador natural de la academia y el servicio público, incluso, dijo: “No puedo imaginar a un Lujambio satisfecho con muchas de las circunstancias de operación de las instituciones políticas por las que tanto trabajó, especialmente el IFAI, ahora Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información y Protección de Datos Personales y lo que dejó ver como el ejercicio asistemático de sus competencias reguladoras y fiscalizadoras.

Horacio Vives autor del libro: Alonso Lujambio. Constructor de instituciones, moderó el panel integrado por los referidos comentaristas, intelectuales, académicos y además legislador el tercero, y dirigieron remembranzas y anécdotas que emocionaron a todos, en especial a Tere Toca. quien fuera de Lujambio compañera de vida y madre de sus hijos.

2. El término “fuga de talentos” o también conocido como “fuga de cerebros”, fue utilizado en un principio en el Reino Unido para describir la partida de sus científicos y tecnólogos hacia otros países; en la actualidad, ambos términos son conocidos también como “migración altamente calificada”, la emigración de los profesionistas que han desarrollado una carrera universitaria en su país y emigran a otros sitios

para continuar con su educación, desarrollar investigaciones o encontrar mejores oportunidades de trabajo.

México –se dice— no es la excepción, al parecer se ubica dentro de los primeros diez países en el mundo como “exportador de cerebros” por debajo de países como Gran Bretaña, Filipinas e India (al margen de ser esas evaluaciones confiables, lo que importa es que se trata de un fenómeno ligado a la infravaloración de los mejores para determinados oficios que precisan gran conocimiento y reconocimiento).

El ejemplo más claro de la fuga de cerebros lo encontramos en Guillermo González Camarena, quien obtuvo en Estados Unidos de América la patente para un adaptador con el cual logro que las imágenes monocromáticas pasaran a ser de color; invento que repercutió mundialmente pues gracias a él podemos ver la televisión a color.

Recientemente, el pleno del Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (antes IFAI) aprobó un proyecto en el que se propuso instruir al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), que entregara la información relacionada con el número de estudiantes altamente calificados que estando en el extranjero han sido repatriados dentro del periodo comprendido de mil novecientos noventa y uno al dos mil seis; información que deberá ser entregada desglosada por año, grado de estudio y país del que regresan. Y es que, la obtención de la repatriación por parte del Conacyt es una hazaña porque se requiere que sean acreditados muchos factores para poder concederla al que la reclama y naturalmente implica beneficios económicos para quien antes fuera becario y ahora se pretende retorne a trabajar en México. En fin, la fuga de talentos en México se debería reducir, camino a erradicarse, y solamente sería posible admitirla con pena aunque con relativa resignación en casos como el de la muerte prematura de personajes de la talla de Alonso Lujambio, que tanta falta nos hacen.

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