ONU: ¿caída libre?

Las Naciones Unidas han demostrado reiteradamente su incapacidad para frenar los conflictos

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) es hija de la guerra y la destrucción. Hace 80 años nació para construir un mundo nuevo y no reeditar las atrocidades del pasado. Por desgracia, el recién concluido periodo de sesiones de su Asamblea General reiteró las dudas sobre su eficacia en un mundo cada vez más cruento y polarizado.

Como siempre, lo más vistoso reside en la reunión anual de jefes y jefas de Estado y de Gobierno. Los líderes de todas las naciones pronuncian discursos políticos en los que exponen sus posicionamientos y prioridades en el contexto internacional.

Como señala Farnaz Fassihi, corresponsal del New York Times quien ha cubierto la ONU y la reunión anual de la Asamblea General de líderes mundiales por 10 años, el ambiente en esta ocasión distó mucho de ser festivo: hay guerras que hacen estragos en todo el mundo, se avecina una crisis presupuestaria y abundan las preguntas sobre si la ONU sigue siendo relevante.

La guerra de Rusia contra Ucrania no ve su fin. El conflicto entre Israel y Hamás continúa, y el mundo sigue muy lejos de lograr sus objetivos en materia de desarrollo o de cambio climático. Además, la labor de ayuda humanitaria global de las Naciones Unidas está amenazada por los recortes presupuestarios, la apatía de los donantes y las reducciones de personal.

En este contexto de debilidad estructural, América Latina se mostró fragmentada y sin una estrategia clara ante los retos del futuro. Persiste una complacencia inexplicable ante las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua, manteniendo a la región como un testigo impávido en la toma de decisiones globales.

El presidente de Brasil defendió el multilateralismo y la lucha contra el cambio climático y lanzó duras críticas a la política exterior del gobierno norteamericano. En la misma dirección, el presidente de Colombia reiteró las críticas de una manera más agresiva. De manera contrastante, los gobiernos de Argentina y El Salvador mostraron su cercanía a la administración republicana.

Con un estilo más conciliatorio, el presidente chileno, quien está proponiendo la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU, criticó, como sus pares brasileño y colombiano, las políticas del presidente norteamericano haciendo un llamado a combatir la negación del cambio climático. La Presidenta de México ni siquiera asistió a la Asamblea General.

Bachelet es una candidata fuerte, junto a la exvicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grynspan y la primera ministra de Barbados, Mia Mottley. Desde su fundación en 1945, la ONU no ha tenido una mujer. Sólo un latinoamericano ha ocupado el puesto: el peruano Javier Pérez de Cuéllar, entre 1982 y 1991.

  • BALANCE

Con razón, Richard Gowan, director de la ONU para el Grupo Internacional de Crisis, ha afirmado que estamos en una organización que se encuentra en una especie de “caída libre”. En ruta al precipicio, las Naciones Unidas han demostrado reiteradamente su incapacidad para frenar los conflictos.

Las razones son estructurales: la resolución y prevención de conflictos es labor del Consejo de Seguridad de la ONU, donde las divisiones geopolíticas entre las potencias mundiales paralizan su trabajo. El veto de cinco naciones es un repelente poderoso a las decisiones de la mayoría de los demás estados miembros.

No podemos permitir que la ONU muera por ineficacia o inanición financiera. Para los que creemos en la relevancia de los organismos multilaterales, la supervivencia de la Organización es crucial para un futuro más justo y pacífico. Los gobiernos tienen la obligación moral y política de evitar la “caída libre” que muchos observan con fundamento. Quién ocupe el cargo de la nueva Secretaría General tendrá un reto formidable. Ojalá que sea una mujer.

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