México y la geopolítica
Henry Kissinger comprendió, como nadie, la importancia del ejercicio del poder. A través del “realismo político”, el controvertido diplomático norteamericano entendió la importancia de la estabilidad del orden internacional, el equilibrio de poder y la defensa muchas veces agresiva del interés nacional...
Las naciones no tienen el privilegio de escoger a sus vecinos. Nuestro vecindario no es opcional. Porfirio Díaz lo dijo con la crudeza del caso: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Aquí nos tocó vivir y nuestra obligación es aprovechar las ventajas y enfrentar los problemas de la posición geopolítica que ocupamos con inteligencia y sagacidad.
La geopolítica determina cómo la geografía (terrestre y humana), junto con factores económicos, históricos y culturales, impacta en las decisiones políticas y las relaciones de poder entre los estados.
Henry Kissinger comprendió, como nadie, la importancia del ejercicio del poder. A través del “realismo político”, el controvertido diplomático norteamericano entendió la importancia de la estabilidad del orden internacional, el equilibrio de poder y la defensa muchas veces agresiva del interés nacional. La habilidad especial de Kissinger residía en su gran capacidad para pensar en categorías geoestratégicas.
Con razón, Kissinger creía que el mundo estaba en constante lucha, ante la inexistencia de una institución global que moderara el comportamiento de los Estados. La paz mundial sólo era posible a través de un precario equilibrio de poder efectivo. Para alcanzarlo, las naciones estaban obligadas a luchar por su interés nacional y la preservación de su seguridad territorial.
Como lo señala la investigadora Celia Hernando de El Orden Mundial, medio de análisis internacional, la geopolítica de México está definida por su posición geográfica estratégica, su fuerte vinculación económica con Estados Unidos, representada en el T-MEC y su potencial como actor relevante en América Latina y en el escenario global.
Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. La violencia, ligada a los cárteles y al narcotráfico, y los flujos migratorios que atraviesan el país en dirección a Estados Unidos han generado reacciones cada vez más duras de las estructuras de poder en Estados Unidos.
En nuestra relación bilateral venimos de un pasado traumático. En el siglo XIX, Estados Unidos adquirió, a través de una ingrata guerra, más de la mitad del territorio nacional. Es importante recordar que la zona que hoy ocupa la frontera recaía enteramente en territorio mexicano.
El corredor migratorio de México y Estados Unidos es el más grande del mundo. La diáspora mexicana es de tal tamaño que nuestro país es el segundo receptor de remesas internacionales del mundo, después de India.
Por otro lado, el narcotráfico es el principal problema que enfrenta México, en la actualidad. Este fenómeno está vinculado con el tráfico de armas, de personas y el blanqueo de capitales. Como lo vemos todos los días, pululan poderosas organizaciones criminales alimentando una espiral de violencia por el control del territorio. Las rutas migratorias coinciden con las rutas del narcotráfico generando caos y muerte.
- BALANCE
Los discursos patrioteros o las bravatas hacia el exterior no solventarán las dificultades que nos impone la situación geopolítica de México. Al final, los hechos hablan. Como lo señaló recientemente Ernesto Revilla, economista en jefe para Latinoamérica de Citi, las reformas constitucionales e institucionales impuestas en México, como la del Poder Judicial, han castigado la Inversión Fija Bruta, al punto de llevarla a un terreno recesivo, lo que representa hoy el principal lastre para el crecimiento económico del país.
En muchas decisiones fundamentales, el régimen ha olvidado que no somos una isla. Que México es un actor estratégico para sus dos socios comerciales en Norteamérica. Pareciera que el voluntarismo y la ideología han olvidado nuestra posición geopolítica. Rumbo al proceso de revisión del T-MEC, sería importante recordarlo.
