María Corina Machado: Nobel de la Paz

La concentración total de la renta petrolera en manos del Estado generó incentivos perversos y le dio al gobierno control enorme y absoluto sobre la sociedad

Teorizar sobre la democracia es muy sencillo. Practicar la democracia es un desafío descomunal. Maria Corina Machado es el mejor ejemplo de la perseverancia en la política. La opositora venezolana escapó literalmente de las garras de la dictadura, en un trayecto digno de una película de Hollywood, para llegar a Noruega y recibir tardíamente el Premio Nobel de la Paz, según lo cuenta el diario The Wall Street Journal. El viaje comenzó la tarde del 8 de diciembre, con Machado usando peluca y disfraz para trasladarse desde Caracas hasta un pequeño pueblo pesquero costero donde la esperaba una lancha. Durante esta aventura, que duró 10 horas, la opositora atravesó 10 puestos de control militares, evitando ser capturada.

A pesar de sus afanes, María Corina Machado no pudo recibir el premio en persona, pero su mensaje a favor de la libertad de Venezuela fue escuchado en Oslo gracias a su hija, Ana Corina Sosa.

El discurso es un testimonio valiente sobre la lucha de los venezolanos por librarse del yugo de una pandilla de delincuentes que han encontrado en la política un vehículo miserable para subyugar a millones de personas y producir la diáspora migratoria más grande en la historia de América Latina.

María Corina nos lleva de la mano para contarnos una historia trágica. A pesar de que Venezuela era una democracia estable de América Latina, ésta se perdió porque sus ciudadanos olvidaron que la libertad no es algo que debamos esperar, sino algo a lo que debemos dar vida.

La concentración total de la renta petrolera en manos del Estado generó incentivos perversos y le dio al gobierno control enorme y absoluto sobre la sociedad, que terminó en privilegios, clientelismo político y corrupción.

Desde 1999, el régimen se dedicó a desmantelar la democracia: violó la Constitución, falsificó la historia, corrompió a las Fuerzas Armadas, purgó a los jueces independientes, censuró a la prensa, manipuló las elecciones y persiguió ferozmente a la disidencia.

Pero más corrosivo que la destrucción material fue el método calculado para quebrar a Venezuela por dentro. El régimen se propuso dividirlos: por sus ideas, por raza, por origen, por la forma de vida. Quisieron que los venezolanos desconfiaran unos de otros, que se callaran, que se vieran como enemigos.

 El discurso de María Corina es una narrativa del terror. Aunque muchos cobardes por intereses políticos se niegan a reconocerlo, han sido casi tres décadas de lucha contra una dictadura brutal. Se ha intentado todo: diálogos traicionados, protestas multitudinarias reprimidas, elecciones manipuladas.

Contra todo pronóstico, la oposición verdadera decidió realizar una elección primaria, un acto de rebelión improbable. De la mano de María Corina, su fuerza política le dio una vez más una oportunidad a la vía electoral. Así fue como, el 22 de octubre de 2023, contra todo pronóstico, Venezuela despertó. Como era de esperarse, el régimen prohibió postular a Machado a la presidencia. Edmundo González Urrutia, un diplomático sereno y valiente, dio un paso al frente. Frente a la irrupción de una victoria opositora abrumadora, el régimen decidió llevar a cabo un fraude monumental.

 

BALANCE

El premio otorgado a María Corina tiene un significado profundo: le recuerda al mundo que la democracia es esencial para la paz. Sólo es posible alcanzar la libertad cuando decidimos no vivir de espaldas a nosotros mismos y afrontamos la verdad, por dura que sea.

No hay mal que sea eterno: María Corina tiene razón. Venezuela volverá a respirar. Pronto se abrirán las puertas de las cárceles y veremos salir el sol a miles de inocentes que fueron encarcelados injustamente, abrazados al fin por quienes nunca dejaron de luchar por ellos.

 

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