Epílogo
Tanto en la literatura como en la democracia, la conclusión de un proceso electoral requiere de un epílogo que narre de manera fiel los hechos producidos tras el desenlace de la trama principal, así como el derrotero y destino de los protagonistas de la historia. Toda ...
Tanto en la literatura como en la democracia, la conclusión de un proceso electoral requiere de un epílogo que narre de manera fiel los hechos producidos tras el desenlace de la trama principal, así como el derrotero y destino de los protagonistas de la historia.
Toda elección merece un proceso de recapitulación que ayude a los jugadores, al árbitro y al público en la tribuna a dilucidar una narrativa fidedigna que ayude a tomar los siguientes pasos en beneficio del nuevo gobierno y de la infaltable oposición.
Se requiere de un epílogo que ajuste responsabilidades y planee las sagas que podrían dibujarse en el futuro. Hacer un balance serio será la labor de las próximas semanas y, quizá, meses.
Por mi experiencia de más de 30 años como jugador, árbitro y observador internacional, he aprendido que una vez que concluye la batalla electoral, es necesario emprender un ejercicio sereno que revise los resultados y que analice las razones del voto de mayorías y minorías.
En el borde de mi regreso a la Secretaría de Fortalecimiento de la Democracia de la OEA, me parece oportuno apuntar cinco conclusiones preliminares sobre la elección del 1 de julio:
La jornada electoral se llevó a cabo en un ambiente pacífico. A pesar de la violencia previa a la elección, los votantes pudieron expresarse en libertad, redistribuyendo el poder político en todas las regiones del país. Se instalaron, puntualmente, todas las casillas y se contaron los votos, respetando la expresión popular.
Se ratificó la eficaz labor logística y organizativa del INE y los OPLES. Los órganos electorales llevaron a cabo su tarea, de la mano de más de un millón de ciudadanos, reafirmando que la democracia mexicana se encuentra en buenas manos. Aún falta la labor conclusiva de la Sala Superior del Tribunal Electoral, quien seguramente hará su trabajo con apego a la ley.
Ganadores y perdedores actuaron con mesura. Se rompió la maldición iniciada en 1988 y reeditada desde 2006 que implicaba que los derrotados desconocieran los resultados. Meade, Anaya y El Bronco aceptaron oportunamente su descalabro. López Obrador se ha pronunciado con un tono conciliador que mucho hace falta para sanar heridas y generar confianza.
Como en cada proceso desde 1994, la observación electoral, nacional e internacional estuvo presente fortaleciendo el escrutinio externo como una garantía de vigencia de la Carta Democrática de la OEA. Será fundamental atender las recomendaciones de las distintas misiones internacionales para corregir errores y reforzar las mejores prácticas.
Los medios de comunicación, a pesar de las limitaciones del modelo de comunicación política, llevaron a cabo una cobertura histórica que promovió el debate y la difusión de las propuestas de campaña. Pude ser testigo del compromiso de los periodistas mexicanos por abrir espacios al intercambio y contraste entre todas las fuerzas políticas.
BALANCE
Los retos y desafíos que se debatieron durante las campañas continuarán en el panorama. Los problemas estructurales no se resolverán de la noche a la mañana. La injusta distribución de la riqueza sólo se menguará si todas las fuerzas políticas entienden con cabalidad el mensaje de los electores. Se requerirá de un proceso de diálogo genuino que permita que empresarios, sociedad civil, partidos y gobiernos, aprovechen la enorme ventaja de una democracia que se ha fortalecido y consolidado.
Con mayoría en las dos cámaras federales y una poderosa presencia en las entidades federativas, el nuevo gobierno de López Obrador está a la puerta de una etapa inédita en nuestro sistema político. Como mexicano hago votos por la madurez de la nueva mayoría y por la resistencia razonada de la oposición minoritaria. La mesa está servida. Ojalá todos estemos a la altura de las circunstancias.
