Aventura política
La creación de partidos alternativos en EU ha tenido precedentes en su historia electoral.
Históricamente, el concepto de oposición política se ha referido al conjunto de partidos políticos u otros grupos organizados que actúan como contrapeso y fiscalizan al gobierno. La oposición cuestiona, debate y ofrece alternativas a las decisiones adoptadas por el gobierno en turno.
Los partidos tienen la delicada responsabilidad de ejercer un control efectivo sobre las decisiones que toma el gobierno. Sus objetivos son supervisar las políticas públicas, plantear objeciones y alternativas, proponer legislación, y defender a ciudadanos y a grupos no representados en el gobierno.
Vivimos ahora una epidemia de polarización política tóxica y destructiva. En muchos casos, la arena digital ha favorecido la emergencia de gobiernos de partido único o francamente autoritarios. La vieja idea del pluralismo político que reconocía la diversidad de opiniones y la existencia de diferentes corrientes ideológicas está viviendo una crisis sin precedentes.
Una vez ungidos por los votos de mayorías sólidas, los regímenes que concentran mayor fuerza política en la región han encontrado la manera de cambiar las reglas del juego con las que arribaron al poder buscando eternizarse, sin las “molestias” que implican una oposición real y efectiva.
Teóricamente, el gobierno tiene la responsabilidad de administrar y gestionar los asuntos públicos de manera eficiente y honesta, en tanto, la oposición política debería supervisar y fiscalizar sus acciones con resultados concretos y visibles. En el mundo real, los partidos de oposición frecuentemente están descuartizados, cooptados o chantajeados por su negro historial de corrupción.
Ante la inoperancia de muchos partidos políticos tradicionales, populistas, figuras del pasado y empresarios, con buen olfato político y financiamiento suficiente, se han embarcado en la aventura de crear nuevos vehículos de participación electoral.
La formación de nuevos partidos políticos no es inusual. Así ha sido en los Estados Unidos, donde siempre ha existido la quimera de formar una “tercera opción” que pueda cambiar el statu quo. La búsqueda de nuevas opciones entraña una determinación personal extraordinaria. Tendríamos que recordar a Ross Perot, magnate multimillonario que estuvo en dos campañas presidenciales en la década de 1990.
A través de su plataforma populista de vibra texana, Perot se quejó memorablemente contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, advirtiendo de un “gigantesco sonido de succión” de empleos estadunidenses a otros países si se aprobaba.
Su campaña de 1992, en la que obtuvo casi 19% de los votos, sigue siendo una de las campañas de terceros más exitosas en la historia de Estados Unidos. Durante años, Bush culpó al millonario por su derrota y dijo, en un documental de HBO de 2012, que creía que Perot “me costó la elección”.
Recientemente Elon Musk, el hombre más rico del mundo, que gastó al menos 250 millones de dólares en las elecciones de 2024, anunció que busca fundar un nuevo partido: “America”, como se denominaría. Su fuerza política quiere impactar las elecciones de 2026 que determinarían el control del Congreso.
BALANCE
La creación de partidos alternativos en Estados Unidos ha tenido precedentes en la historia electoral del país, aunque rara vez han alcanzado relevancia nacional. No obstante, el potencial financiero de Musk podría influir en el panorama político, ya sea respaldando a candidatos individuales o a través de su propio comité de acción política (PAC).
Crear un nuevo partido político es un proceso denso y complejo. Se requiere dinero, influencia y un apetito político a prueba de todo y contra todos. La “tercera opción” es una quimera larga y complicada. El tiempo dirá.
