La captura y abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, coloca al gobierno de México en punto de inflexión. Se trata de uno de esos momentos que redefinen la historia de la seguridad nacional. El operativo no fue sólo un golpe táctico al corazón del CJNG, es un mensaje contundente, una sentencia escrita con la determinación de dos naciones que han decidido que el tiempo de la impunidad se terminó.
Si el gobierno mexicano, en una coordinación real con Estados Unidos, fue capaz de abatir al “fantasma”, al hombre que parecía mimetizarse con la sierra y que se creía intocable, el mensaje ahora para el resto de los capos y sicarios es que ya no hay lugar para esconderse. No habrá rincón, cueva o mansión que los proteja. Los van a encontrar, los van a atrapar y su tiempo, ese que usaron para sembrar terror, se ha acabado.
La presidenta Claudia Sheinbaum tiene claro que recuperar el control del país no es una tarea de retórica ni de frases pegajosas, sino de hechos. Aunque en el discurso cuide las formas y evite una ruptura estridente con el legado de su antecesor, la estrategia ha dado un giro de 180 grados. Los “abrazos” no fueron medicina, sino el beneplácito para que el crimen operara con libertad insultante. Hoy, el objetivo es someterlos a la justicia, asfixiar su crecimiento y, sobre todo, devolverle al Estado el control que los grupos criminales le arrebataron a las comunidades.
La operación no fue sencilla. Ante el asedio, el grupo criminal intentó aplicar su vieja receta como la quema de vehículos, el bloqueo de carreteras y el ataque a la infraestructura civil para sembrar el pánico. Sin embargo, esta vez el caos no amedrentó a las fuerzas federales. La Marina, el Ejército y la GN mantuvieron la posición y el avance; no hubo repliegue ni concesiones ante el chantaje violento. La autoridad no se arrodilló, y ése es un cambio de señal que los delincuentes ya están procesando.
Sara Carter, directora de la Oficina de Control de Drogas de la Casa Blanca, quien estuvo en México el jueves y viernes para reunirse con la Presidenta y su Gabinete de Seguridad, le dijo en entrevista al periodista Jorge Fernández Menéndez que:
“La muerte de El Mencho envía un mensaje a todos los sicarios y a todos los jefes del cártel que están allá afuera. Si el gobierno mexicano, trabajando con EU, pudo atrapar a El Mencho, podemos ir por ustedes y lo haremos, no habrá lugar para esconderse, no habrá lugar al que puedan ir, porque los vamos a encontrar, los vamos a atrapar y su tiempo habrá acabado” (Excélsior, 27/02/2026)
Pero la muerte del líder es apenas el prólogo. Lo que sigue para el gobierno de México es la etapa más crítica: evitar que los sucesores se reagrupen o que las facciones remanentes inicien una ofensiva sangrienta por el control de la estructura. La estrategia debe centrarse en la desarticulación financiera y la ocupación inmediata de los espacios que servían de base operativa. No basta con descabezar a la organización; se requiere una presencia estatal que impida el surgimiento de nuevos “mandos” que pretendan heredar el imperio del terror.
Esta vigilancia y estas acciones de inteligencia no pueden ser un operativo de temporada. No se trata de “limpiar la casa” sólo para garantizar que el Mundial de Futbol transcurra sin incidentes ante los ojos del mundo. La seguridad no puede ser un asunto de relaciones públicas o de eventos internacionales. La presencia de la ley y el orden deben ser permanentes, porque el ciudadano que vive en Michoacán, Jalisco o Zacatecas no necesita estar seguro sólo durante los partidos, sino todos los días.
Es una guerra, aunque a muchos les incomode el término, que se pelea también en las aulas y en los hogares. Tenemos que enseñarles a nuestros niños que el sicario no es un modelo a seguir, que esa “grandiosidad” de las series es una mentira que sólo ofrece muerte. Lo que verdaderamente vale la lucha es la libertad de caminar por nuestras calles sin el yugo del chantaje.
La caída de El Mencho demuestra que estos personajes no son dioses. Son personas que, ante la fuerza del Estado y la cooperación internacional, terminan enfrentando la justicia.
DM
El conflicto de EU e Israel contra Irán, sumado a la advertencia sobre Cuba para que acepte un control pacífico de la isla, es la evidencia de que el tablero geopolítico se sacude muy rápido. México no puede permitirse ser el eslabón débil ni el refugio de intereses ajenos. En objetivos como la paz y la seguridad, no hay espacio para titubeos ni para amistades peligrosas. Es tiempo de definiciones.
