Asincronía

El gobierno mexicano mantiene su postura de soberanía y combate al crimen organizado con sus propios recursos, enfrentando un panorama complejo y de alta volatilidad

Como lo señalan Álvaro Santos y Christopher Wilson, en un reporte elaborado para el Centro de Estudios Estados Unidos-México de la Universidad de California en San Diego, las economías de Estados Unidos y México están profundamente vinculadas. 

La integración económica y productiva, originada por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y después ratificada por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), ha sincronizado las economías de las dos naciones a tal grado que ambas suelen experimentar sus ciclos de auge y recesión de manera conjunta.

Paradójicamente, en términos de seguridad y política exterior, la desconfianza y los malos entendidos se han multiplicado en los últimos meses. Vivimos en una profunda asincronía. Los dos gobiernos manifiestan posiciones divergentes que generan nerviosismo al sector empresarial de los dos lados de la frontera. Esto resulta particularmente riesgoso en la víspera del proceso de revisión del T-MEC.

La expresión de que “los cárteles gobiernan México” agita el tono y la cadencia de la relación bilateral. El presidente Trump no retrocede ni un centímetro en torno a esta afirmación. Todo lo contrario, se insiste que estas organizaciones criminales controlan el territorio mexicano y la única salida efectiva depende de la participación directa de las fuerzas armadas estadunidenses.

Esta postura ha incrementado las tensiones diplomáticas con la presidenta Sheinbaum, quien ha rechazado reiteradamente la intervención militar extranjera, considerando que la insistencia de Trump está basada en “información equivocada” que no refleja la realidad que vive México.

Mientras que desde Estados Unidos se afirma que los cárteles gobiernan debido a su poder de facto y la violencia, el gobierno mexicano mantiene su postura de soberanía y combate al crimen organizado con sus propios recursos, enfrentando un panorama complejo y de alta volatilidad.

La asincronía en seguridad se extiende a otros asuntos de gran interés para el inquilino de la Casa Blanca. Así, en un momento de máxima tensión global, como producto de la estrategia militar estadunidense contra Irán, México toma un camino distinto al de su socio comercial, reafirmando, junto con Brasil y Colombia, su rol como promotor de la paz y la estabilidad internacional.

En un momento en el que Estados Unidos toma nota de la reacción de sus socios y aliados, los tres países excluidos de la iniciativa Escudo de las Américas se colocan desafiantes buscando independencia en sus posturas.

Durante los últimos días hemos sido testigos de cómo la asincronía se profundiza entre los dos líderes. Los inusuales cruces de mensajes atizan la tensión en la inminencia de la renegociación del T-MEC. Sin duda, éste es el peor escenario para la relación bilateral. La asimetría estructural siempre termina lastimando a México.

BALANCE

Trump ha decidido doblar la apuesta. “Ella no debería haber rechazado mi ayuda. Me ofrecí a acabar con los cárteles en México y, por alguna razón, ella no lo quiere”, declaró el republicano antes de abordar el avión presidencial Air Force One en la base Aérea Andrews, en Maryland.

El antídoto está en sincronizar la relación bilateral más allá del comercio. Ante un problema estructural como la expansión del narcotráfico, el futuro no se construye con declaraciones incendiarias. Una solución de largo plazo pasa por algo nunca antes visto: un acuerdo bilateral en materia de seguridad y combate al narcotráfico entre los dos países. Un tratado explícito y transparente que dé garantías plenas a las dos naciones. El objetivo bilateral debe ser evitar que los cárteles se expandan y florezcan. La ruta constructiva es la sincronía. La discordia sólo favorece a los narcos.

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