El largo plazo
El siglo pasado, John Maynard Keynes sentenció: “En el largo plazo todos estaremos muertos”. En nuestros días, la defensa del “largo plazo” se ha asociado al riesgo de muerte política de aquellos candidatos que la presentan como una visión responsable que le ...

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
El siglo pasado, John Maynard Keynes sentenció: “En el largo plazo todos estaremos muertos”. En nuestros días, la defensa del “largo plazo” se ha asociado al riesgo de muerte política de aquellos candidatos que la presentan como una visión responsable que le dice la “dura verdad” a los potenciales electores.
Lo anterior representa una gran contradicción democrática si se considera que el problema de la desigualdad en América Latina es estructural, anclado a condiciones atávicas que proceden de nuestro pasado colonial y de la incapacidad del Estado para resolver con una visión integral problemas que rebasan las buenas intenciones y los discursos electorales.
Las visiones cortoplacistas, propias del inmediatismo político y el populismo, se imponen sobre estrategias de largo aliento en el combate contra la inequidad. De la mano de propuestas fáciles y de dádivas clientelares, obligados por la pobreza, grandes segmentos de electores se refugian en lo instantáneo para saldar las necesidades más apremiantes.
Paradójicamente, la desigualdad es un reto tan enraizado en las estructuras económicas y políticas de nuestros países que para reducirla eficiente y sostenidamente se necesitan décadas de continuidad en políticas públicas inteligentes. Urgen estadistas comprometidos con estrategias más allá de quien ocupe el poder.
Para que nuestros nietos vivan en una región que no sea caracterizada como la más desigual del planeta, donde aproximadamente al quintil superior le pertenece 70% de la riqueza, es necesaria una visión de largo plazo en el diseño e implementación de políticas públicas.
La desigualdad está “sobrediagnosticada”. El fenómeno se ha estudiado por think tanks, gobiernos, ONG, bancos de desarrollo e instituciones financieras internacionales. Existen herramientas de medición, bases de datos, casos de estudio y reportes que ilustran el carácter multidimensional del problema.
Si el alcance del problema de la desigualdad es evidente, y se ha estudiado de manera amplia y seria, ¿por qué es un reto tan persistente? El enemigo es el cortoplacismo en el desarrollo de políticas efectivas y sostenibles. La desigualdad pone a poderosos intereses cara a cara: una gran mayoría que se queda atrás y tiene poco, y una minoría que tiene mucho. De acuerdo a Oxfam, el 1% más pudiente tiene más riqueza que el resto del mundo combinado.
Debemos de generar más incentivos para que los intereses de los grupos de poder se alineen en el largo plazo en búsqueda de beneficios concretos que eleven la calidad de vida de los que menos tienen.
Al final del día, si se busca genuinamente construir una democracia seria, efectiva y responsable, es central que, después de cada elección, los ciudadanos obtengan resultados duraderos que vayan más allá de un ciclo político. Que se consoliden derechos por encima de las coyunturas y los escándalos.
BALANCE
La inequidad es utilizada como herramienta en campañas políticas. La intención no es encontrar soluciones al problema, sino construir bases de sustento político con grupos de la población que se sienten excluidos. En el nombre de la igualdad se prometen políticas inviables con tal de conseguir votos.
A todos nos conviene mejorar la situación social de nuestra región y hacerla más equitativa, sin sacrificar la calidad de la democracia y la eficiencia de la estructura productiva en el camino. Para lograrlo, el Estado democrático necesita apoyar políticas sociales con visión a largo plazo.
Entre más igualdad social, más oportunidades para la gente. Entre más igualdad social, menos inestabilidad política y posibilidad de experimentos estrambóticos. Entre más igualdad social, más confianza en nuestras instituciones democráticas.
*Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia.
Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA.