Xenofobia y racismo: patologías sociales
Hay motivos reales de alarma en el mundo. En todos los continentes, millones de personas continúan librando una lucha diaria contra la xenofobia y la discriminación. Estas patologías sociales son actos inaceptables de abuso e injusticia que violan el derecho a la ...

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
Hay motivos reales de alarma en el mundo. En todos los continentes, millones de personas continúan librando una lucha diaria contra la xenofobia y la discriminación. Estas patologías sociales son actos inaceptables de abuso e injusticia que violan el derecho a la igualdad y no deberían ser toleradas en ninguna sociedad democrática.
El racismo es una forma de discriminación sustentada en la “ideología de la superioridad”, que sostiene valoraciones morales basadas en aspectos religiosos, económicos, raciales y culturales, los cuales determinan jerarquías de diverso orden entre los individuos. La xenofobia, de manera paralela, es un sentimiento de odio y hostilidad hacia los extranjeros. El rechazo hacia los migrantes es un triste ejemplo.
Estos sentimientos son creados por la sociedad. Son el producto de un discurso ideológico, emparejado a intereses políticos. Nadie nace con este tipo de prejuicios. Estas patologías sociales se aprenden en el interactuar con las personas, con los medios de comunicación, en el colegio, en el trabajo, hasta con la simple conversación entre las familias.
En tiempos electorales, la discriminación hace parte de la campaña. La vemos directamente en los discursos, en la opinión pública, en los debates. En Estados Unidos, donde la población latina llega a 54 millones de personas, según el censo de 2013, algunos políticos, como el candidato republicano Donald Trump, encuentran la manera de alimentar entre sus simpatizantes un peligroso discurso de exclusión e intolerancia contra los migrantes, especialmente los mexicanos, que bajo ninguna circunstancia puede aceptarse o banalizarse.
Por todo lo anterior, son muy acertadas las palabras del secretario general de la OEA, al proponer la discusión de una Carta Interamericana de la Migración en protesta por los continuos ataques recibidos en diversos países contra distintos grupos étnicos o sociales. “Sí a la inclusión y a los derechos humanos, no a la xenofobia”, subrayó Luis Almagro ante la Cámara de senadores en México, semanas atrás.
La migración y la lucha en favor de los derechos humanos son parte central de la agenda política y social de la OEA para ayudar a combatir y eliminar de raíz todo rasgo de racismo y xenofobia y seguir trabajando en la consolidación de la democracia en el hemisferio. La propuesta del secretario general es un primer escalón para el camino que falta por recorrer.
BALANCE
La discriminación está latente en todos los ámbitos y, lamentablemente, se ha asociado a la violencia. Un sentimiento de exclusión se “alimenta” a amplios sectores sociales para culpar a “los otros” de todas las calamidades generadas por el propio sistema de inequidades y desigualdad, generando una enfermedad contagiosa que se posa como una verdadera amenaza al disfrute no sólo de los derechos sociales, económicos y culturales, sino también de los civiles y políticos.
El futuro de una sociedad civilizada y moderna, sin ninguna clase de discriminación, no sólo depende de los gobiernos. La denuncia social a ese tipo de discursos forma parte de un “deber cívico” al que ningún ser humano puede ser ajeno o indiferente. Es indispensable involucrar a la sociedad civil, la academia y particularmente a los jóvenes para que se unan sin temor a esta causa. Cada vez que un político populista y demagogo lance una cruzada montado en el racismo y la xenofobia, sólo existe una “medicina”: el repudio generalizado.
*Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA.
Los puntos de vista son a título personal. No representan la posición de la OEA.