Insatisfacción democrática
Parafraseando a Shakespeare “algo huele mal en la democracia latinoamericana”. A pesar de los esfuerzos, los niveles de insatisfacción de los ciudadanos están entre los más bajos del mundo. Los asiáticos encabezan niveles altos de complacencia con 70%, mientras en ...

Francisco Guerrero Aguirre
Punto de equilibrio
Parafraseando a Shakespeare “algo huele mal en la democracia latinoamericana”. A pesar de los esfuerzos, los niveles de insatisfacción de los ciudadanos están entre los más bajos del mundo. Los asiáticos encabezan niveles altos de complacencia con 70%, mientras en América Latina sólo 37% siente que existe correspondencia entre el ejercicio del voto y la calidad de los gobiernos.
Como lo confirma el Latinobarómetro 2015, nuestra región mantiene el último lugar de satisfacción democrática, alejando a sus ciudadanos de la zona de confianza que tanto se requiere para tener gobiernos confiables.
Los 20 años de mediciones confirman la relación entre satisfacción con la democracia y el desempeño económico. Lo grave es que la “promesa de cambios democráticos”, que se fraguó por décadas, se ha estrellado con una falta de “fe” en la política, entre otras cosas por la persistencia sistémica de la corrupción y a la actitud indolente de las élites del poder.
El caso mexicano pareciera ser el que más llama la atención al encontrarse en el último lugar de satisfacción con la democracia con 19%. A pesar de la multimillonaria inversión realizada por el Estado en las últimas tres décadas y de contar con una institución tan profesional como el INE, la percepción de la gente demuestra que algo no está funcionando adecuadamente. En este contexto de descrédito por el proceso democrático, es necesario hacer un alto en el camino y evaluar con serenidad las causas por las cuales los ciudadanos se sienten tan lejanos tanto de los candidatos como de los gobernantes.
BALANCE
Una herramienta valiosa en esta materia se encuentra en el Informe de Observación de la OEA sobre las elecciones federales que se llevaron a cabo en México el pasado 7 de junio. Por ello, resulta oportuno retomar algunas conclusiones con el propósito de contribuir a las reformas electorales que podrían concretarse antes de la elección presidencial de 2018:
1. La misión de observación manifestó que tanto las autoridades administrativas como las jurisdiccionales padecen una carga excesiva de trabajo. Es recomendable que se propicien revisiones a la legislación, de manera que no se generen incentivos a la excesiva litigiosidad.
2. Más allá de los avances evidentes en materia de candidaturas independientes es recomendable revisar las herramientas legales con el objeto de generar condiciones de mayor equidad en la contienda. Sería oportuno establecer reglas más claras en materia de financiamiento privado a candidatos independientes así como revisar los requisitos de registro para las mismas, evitando que se impongan obstáculos adicionales a quienes deciden participar al margen de los partidos.
3. Aunque se ha avanzado en materia de equidad con la distribución amplia de millones de spots. Éstos han generado una saturación muy clara en las audiencias que no ha privilegiado un verdadero debate de calidad que estimule una mayor participación ciudadana. Se han incrementado los reclamos sobre distintas disposiciones relativas al modelo de comunicación política, generando en los medios el temor de que reporteros y comunicadores puedan ser sancionados en caso de cubrir eventos noticiosos que involuntariamente favorezcan o desfavorezcan a algún candidato.
Por encima de diferencias partidistas, el Congreso Mexicano tiene la valiosa oportunidad de conducir una siguiente generación de reformas que enfrenten el creciente nivel de desconexión entre los ciudadanos y nuestra democracia. Todavía estamos a tiempo.
*Secretario de Fortalecimiento de la Democracia de la OEA.
Los puntos de vista son a título personal.
No representan la posición de la OEA.
Twitter: @pacoguerreroa65