El pasado 22 de mayo, la presidenta Claudia Sheinbaum recibió con honores en Palacio Nacional a los máximos dirigentes de la Unión Europea (UE). No todos los días Europa y México se reúnen al más alto nivel ni se firma un acuerdo llamado a marcar las próximas décadas de su asociación estratégica.
Por eso, la VIII Cumbre México-UE, celebrada el viernes pasado en la Ciudad de México, fue un momento histórico. No sólo por la visita de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del presidente del Consejo Europeo, António Costa, acompañados por la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, y el comisario Europeo de Comercio, Maroš Šefčovič —la primera reunión al más alto nivel en 11 años—, sino por el mensaje que juntos enviamos al mundo.
Frente a los tiempos de cambio e incertidumbre, la respuesta de México y de la UE ha sido inequívoca: más cooperación, más diálogo y más confianza mutua.
La cálida bienvenida brindada por la presidenta Sheinbaum a los líderes europeos fue mucho más que un acto protocolario. Reflejó la sintonía entre ambas partes y la convicción de que México y Europa tienen mucho que ofrecerse mutuamente y aún más por construir juntos.
La Cumbre culminó con la firma del Acuerdo Global Modernizado y del Acuerdo Comercial Interino. Más allá de la actualización de un marco jurídico, estos acuerdos representan el inicio de una nueva etapa en la relación entre México y la UE: una etapa más madura, más ambiciosa y más estratégica.
Como señaló la presidenta Sheinbaum, nuestras regiones han optado por construir bienestar compartido a través de la cooperación. Y como destacó la presidenta Von der Leyen, estos acuerdos reflejan quiénes somos como socios: confiables, ambiciosos, abiertos al mundo y comprometidos con ofrecer resultados concretos a nuestras sociedades.
La relación entre México y la UE ya es una historia de éxito. Nuestro intercambio comercial supera los 100 mil millones de euros anuales y miles de empresas europeas han encontrado en México un lugar para invertir, innovar y generar empleo. A su vez, cada vez más empresas mexicanas encuentran oportunidades en el mercado europeo. Sin embargo, el verdadero significado de los acuerdos firmados va mucho más allá de las cifras.
Tal como declaró el presidente Costa, el Acuerdo Global Modernizado es una auténtica declaración geopolítica. Una apuesta por la apertura, el comercio justo y la cooperación en un momento en que proliferan las barreras y la incertidumbre. Una defensa del multilateralismo y del orden internacional basado en reglas. Y una afirmación de que el crecimiento económico puede, y debe, ir acompañado de sostenibilidad, inclusión y respeto a los derechos humanos.
Por ello, el acuerdo incorpora compromisos vinculantes en materia laboral, ambiental y climática. Refuerza la cooperación en igualdad de género, impulsa la economía circular y las tecnologías limpias, facilita el comercio digital y la innovación, y crea nuevas oportunidades para pequeñas y medianas empresas, emprendedores, productores agrícolas, investigadores y estudiantes.
También abre un horizonte particularmente prometedor para la inversión. La UE ha reafirmado su compromiso con México mediante la Agenda de Inversiones Global Gateway, que movilizará más de 5 mil millones de euros (aproximadamente 100 mil millones de pesos) en sectores estratégicos como energías renovables, movilidad sostenible, salud, conectividad digital, economía circular e infraestructura resiliente. Se trata de inversiones que generan crecimiento, fortalecen cadenas de valor y contribuyen al desarrollo sostenible de largo plazo. En este sentido, existe una notable convergencia entre Global Gateway y el Plan México impulsado por el gobierno de la presidenta Sheinbaum.
La Cumbre también dejó claro que nuestra asociación trasciende la economía. Compartimos una visión común sobre muchos de los grandes desafíos globales: la defensa de la paz, el multilateralismo, la igualdad de género, la acción climática y la cooperación internacional.
México y la UE son socios naturales porque comparten valores y creen que las soluciones duraderas se construyen mediante el diálogo y la cooperación. Ese espíritu se reflejó también en el diálogo estratégico que el canciller Roberto Velasco sostuvo con la Alta Representante Kallas, así como en el lanzamiento de nuevos diálogos en energía, salud y el ámbito digital. Porque el futuro de nuestra relación no consiste únicamente en gestionar los vínculos existentes, sino en construir juntos nuevas oportunidades.
Durante esta visita histórica hubo también gestos que reflejan la dimensión humana de nuestra asociación. Desde los contactos empresariales hasta el encuentro con mujeres indígenas mexicanas y las conversaciones con jóvenes, quedó patente que los lazos entre Europa y México van más allá de los acuerdos institucionales: son vínculos entre personas, comunidades y generaciones.
La visita de los líderes europeos también tuvo un fuerte componente cultural. La presidenta Von der Leyen visitó el Museo Nacional de Antropología, que calificó como una experiencia inolvidable; el presidente Costa recorrió el Museo Dolores Olmedo, donde admiró la obra de Diego Rivera y Frida Kahlo, y la Alta Representante Kallas visitó el Templo Mayor para conocer más sobre la civilización mexica.
Europa y México no sólo están unidos por una historia compartida, sino por una visión compartida del futuro. La VIII Cumbre UE-México y la firma de los acuerdos clave marcan el inicio de una nueva etapa en nuestras relaciones. Ahora comienza la tarea más importante: transformar los compromisos en resultados tangibles y beneficios para nuestros ciudadanos.
Estoy convencido de que lo lograremos. Porque cuando México y la UE unen fuerzas y visión, no sólo fortalecen su relación bilateral: contribuyen a construir un futuro más justo, próspero y sostenible para todas y todos.
*Embajador de la Unión Europea en México
