Cuatro años de guerra innecesaria, ¿para qué?

Francisco André

Francisco André

La barbarie la iniciaron los autócratas de Moscú

Imagínese lo siguiente: es por la noche, está usted durmiendo en su casa, cuando de pronto suena una alarma en la calle. No es la alarma sísmica. Es una alarma de aviso de bombardeos. En poco tiempo, comienza a escuchar las explosiones de decenas de misiles y cientos de drones. Sin tiempo para agarrar un suéter (la temperatura está bajo cero), reúne a su familia y la traslada a toda velocidad a un búnker antiaéreo, donde permanece encerrado con otros vecinos del edificio. Mientras espera, piensa con tristeza que esa realidad de bombas, búnkeres y alarmas se ha convertido en la cotidianidad de su familia. Mira a la familia vecina, que tiene una niña de tres años, y se da cuenta de que la semana que viene se cumplirán cuatro años de aquella guerra brutal y absurda. Esa niña no ha conocido otra realidad. 

La alarma termina, cesan las explosiones y regresa a su departamento. Hace un frío horrible e intenta encender la calefacción para que su familia no se congele. En vano. Durante la noche, Rusia ha lanzado 24 misiles y 219 drones contra varios puntos del país, pero sus objetivos no eran soldados, cuarteles o tanques. Eran plantas energéticas civiles, y usted ha tenido la mala fortuna, compartida con otros 3 mil 700 edificios de la ciudad, de quedarse sin energía, sin calor en esta helada noche de invierno ucraniano.

Ya amanece. Viste a sus hijos para ir a la escuela y prepara el desayuno tratando de transmitir calma y seguridad a su familia. Pero ya no aguanta más esta situación. Cuatro años. Cientos de miles de heridos y muertos. Más de 20 mil niños ucranianos secuestrados por las tropas rusas para ser adoctrinados. Millones de hogares destrozados. ¿Para qué? ¿Y por qué?

Cuando sale de casa camino al trabajo, se detiene en una tienda y compra un periódico. En él aparecen los responsables de ese bombardeo, los dirigentes rusos, hablando de paz. Le dan ganas de tirar el periódico a la basura, pero entonces mira a su alrededor y ve cómo la gente sigue yendo a trabajar, sigue llevando a sus hijos a la escuela. Bajo las bombas. Sin calefacción. Sin saber cuándo quienes hablan de paz dejarán de hacer la guerra contra las familias. Y puede ver, en los ojos de sus compatriotas, el desgaste y la presión, pero también el fuego de la esperanza, el alma de un pueblo que anhela por encima de todo la paz y la libertad, y que durante los últimos cuatro años ha demostrado una valentía y una entereza que encogen el corazón.

Cada paso que da rumbo a su trabajo lo hace consciente de que está pisando su patria, su hogar, el lugar donde sus padres y abuelos vivieron y murieron sintiéndose ucranianos. El lugar en el que quiere que sus hijos y nietos crezcan como ciudadanos ucranianos libres. En paz. Respira hondo y desea con fervor que termine esa barbarie que iniciaron unos pocos autócratas en sus cómodos palacios de Moscú (esos sí tienen calefacción), mandando a los hijos de los demás a morir en un país extranjero. Al mismo tiempo, se promete a sí mismo, con un amor más fuerte que el odio, que trabajará con determinación por la reconstrucción de su patria. Por sus hijos. Por sus padres. Por la libertad.

El próximo 24 de febrero se cumplen cuatro años de la invasión a gran escala de Rusia contra Ucrania. Una invasión injustificada e ilegal, contraria a los principios de soberanía, integridad territorial y libre determinación de los pueblos, que ha llevado a una brutal guerra de agresión en la que Rusia ha violado todos los principios básicos del derecho internacional. Europa se ha visto asomada al abismo con una guerra imperialista iniciada por Rusia, cuyo líder no ha dudado en amenazar con el uso de armas nucleares.

Durante los últimos cuatro años, la Unión Europea (UE)  se ha mantenido de manera inquebrantable al lado del pueblo y del gobierno de Ucrania, y trabaja todos los días para poner fin a la guerra a través de una paz justa y duradera. Y seguiremos haciéndolo hasta poner fin a este infierno que viven cada día y cada noche las familias ucranianas. La UE, proyecto de paz en sí mismo, siempre estará dispuesta al diálogo sin renunciar a la paz, a la libertad y a la justicia. 

Desde el inicio, México y la UE hemos condenado la agresión y hemos defendido juntos la necesidad de alcanzar una paz justa. Por ello, es imperativo que, al cumplirse cuatro años de esta guerra, se ponga de una vez por todas fin a la violencia y comencemos de forma seria a construir la paz. No podemos permitir que prevalezca la fuerza sobre la justicia, la brutalidad sobre el civismo, ni la agresión sobre el diálogo.

Recordemos que los dirigentes rusos que iniciaron la guerra tienen en sus manos el poder de poner fin a esta pesadilla. Hoy mismo lo podrían hacer. Deseo de corazón que dentro de un año no les hable del quinto aniversario, sino de cómo toda Europa se une para construir la paz. Seguiremos trabajando por ello.

*Embajador de la Unión Europea en México

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