Un fantasma recorre el mundo…
PorGerardo Trujano Velásquez * Y no, no se trata del comunismo, como decían Marx y Engels en su Manifiesto del Partido Comunista, sino del sentimiento antisistema que se observa en muchas partes del mundo actual. El antiestablishment no puede llamarse ...
Por Gerardo Trujano Velásquez *
Y no, no se trata del comunismo, como decían Marx y Engels en su Manifiesto del Partido Comunista, sino del sentimiento antisistema que se observa en muchas partes del mundo actual.
El antiestablishment no puede llamarse “movimiento”, porque carece de organización y tiene tantas y tan dispares variantes que se parece más a la Hidra de Lerna que a Sauron, el señor oscuro, del Señor de los Anillos, aunque es igual de peligroso.
Lo venimos viendo desde hace ya algún tiempo en diferentes latitudes como la Primavera Árabe (2010-2013), Occupy Wall Street (2011), el Movimiento 15-M (2011) en España o resultados de votaciones como Brexit (2016) o el triunfo electoral de Donald Trump (2017), por mencionar algunos.
Toca el turno a Italia. La semana pasada el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y la Liga Norte (LN), formalizaron un acuerdo para gobernar bajo un programa antisistema, que incluye 38 puntos, entre los que destacan: el euroescepticismo, la expulsión de 500 mil inmigrantes irregulares; reducción de impuestos; el establecimiento de un ingreso básico ciudadano de 780 euros mensuales; la renegociación de la contribución de Italia al presupuesto de la Unión Europea (UE) y la Convención de Dublín (ley de la UE que garantiza que al menos un estado miembro tramite la postulación de un solicitante de asilo).
Preocupa que se trate de dos organizaciones cuyo único elemento en común es el rechazo al establishment. El M5S dice no ser un partido político, sino una libre asociación de ciudadanos, que se opone al tradicional sistema de partidos, al euro y en parte a la UE; condena la corrupción y el financiamiento público de los partidos. La LN, por su parte, es un partido político de ultraderecha que ha promovido la idea de secesión del norte de Italia (ellos la llaman Padania), la disminución de apoyos económicos a las regiones del sur de Italia, la inmigración ilegal y el rechazo a la política de asilo y las cuotas de refugiados negociadas con la UE.
En resumen, si esta coalición llega a gobernar Italia significará un duro golpe a la ya maltrecha cohesión en la UE y un país más gobernado por un batiburrillo de ideas y ocurrencias, que no surgen de la razón sino del hígado y el odio malsano de sus dirigentes, pero que se alimenta y sostiene de la molestia y frustración de una ciudadanía que se siente traicionada por la clase política tradicional y por un sistema económico rapaz e indolente ante el incremento de fenómenos como el desempleo, la pobreza y la desigualdad social.
La gran paradoja actual es que muchos de los que “lideran” el sentimiento antisistema son precisamente beneficiarios del statu quo. ¿O acaso alguien duda que fue Reino Unido el primer país que impulsó el neoliberalismo, que Estados Unidos fue el impulsor de la globalización o que el señor Trump se benefició durante décadas del negocio inmobiliario, incluida la burbuja especulativa que desencadenó la crisis de 2008?
Claro, no son los únicos que aprovechan el “río revuelto”, también están los Chávez, los Maduro, los Putin y otros. Por eso, el sentimiento antisistema no puede ser considerado un movimiento, sino un monstruo parecido a la Hidra de Lerna, con tantas cabezas que resulta imposible de identificar quién es quién.
México no está exento de esto, si no, escuche usted a los candidatos a la Presidencia: todos se dicen ser Hércules ¿alguno no miente?
* Coordinador académico de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México.
