Lo perfecto es enemigo de lo bueno
Pretender un tratado pulcro y sin costos, bajo las circunstancias políticas que se viven, resulta imposible, pero mucho peor sería no tener tratado.
CARLOS CAMACHO GAOS*
Las negociaciones del TLCAN están llegando al momento crucial de definiciones y para ello se requiere de una evaluación por cada parte del balance final que perciban.
Se ha trabajado intensamente y, por lo que se conoce de las opiniones expresadas por los encargados de las mismas al inicio de la presente semana, el proceso está muy próximo a concretarse, manteniendo la perspectiva de que finalmente se tendrá un compromiso, lo cual debe considerarse un éxito; aunque persiste la incertidumbre sobre la posibilidad de que algún punto esencial obstaculice el acuerdo.
Por alguna razón se dio la impresión de que el arreglo se tendría en principio hacia finales de la semana para anunciarlo durante la celebración de la Cumbre de las Américas que tiene lugar en Perú. Sin embargo, en las propias palabras del presidente Trump hace una semana en West Virginia, “no hay prisa, es mejor hacerlo bien, pues la opción alternativa sería terminarlo”.
Se ha mencionado que para inicios de mayo podría tenerse un acuerdo, para de ahí partir a la redacción del texto legal que los tres gobiernos tendrán que someter a la aprobación de sus respectivos congresos. En el mejor de los casos esto último podría suceder más pronto que tarde, pues EU quisiera someterlo al cuerpo legislativo que está en funciones y en el caso de nuestro país que se dé antes del cambio de administración, independientemente de que lo más probable es que sea evaluado por un nuevo Senado, si es que no se logra tenerlo antes de septiembre.
Aún quedan elementos esenciales en la mesa de negociación, pues aunque se ha avanzado en el capítulo automotriz, las últimas señales en el sentido de balancear el contenido del costo de la mano de obra entre los tres países, haría inaceptable el tratado.
Otro de los temas es la llamada cláusula del “ocaso”, que al parecer ha sido acordada como una revisión a fondo del funcionamiento del tratado cada cinco años, sin embargo, persiste la diferencia con Canadá y México sobre el tema de solución de controversias sin saber hacia dónde ha evolucionado la negociación, si es que ya se ha discutido a fondo. En particular, destaca la importancia de este tema, dada la forma agresiva en la que el gobierno estadunidense conduce su política comercial con represalias unilaterales fuera de contexto, como el reciente caso del acero y aluminio. Aunque, por otro lado, este último punto que ha dañado considerablemente la relación de EU con China, podría jugar a favor del TLCAN, favoreciendo geopolíticamente a los socios de la región de Norteamérica.
Otro de los temas que inicialmente entorpecían la negociación es el relacionado con compras de gobierno, pero en opinión de expertos este puede ser resuelto.
Políticamente, el apoyo logrado en la opinión de legisladores, gobernadores y grupos de interés en EU a favor del tratado se ha incrementado y manifestado y, desde luego, es tema de las campañas de legisladores, por lo que la presión hacia la aprobación de un nuevo tratado es sensible y eso favorece. Bajo el supuesto heroico de que no hubiese un cambio repentino en las instrucciones emanadas de la Casa Blanca esperaríamos que en mayo se tuviera un resultado positivo, que no ideal.
Lo perfecto es enemigo de lo bueno, dice el dicho, pretender un tratado pulcro y sin costos, bajo las circunstancias políticas que se viven, resulta imposible, pero mucho peor sería no tener tratado.
*Director de la Facultad de Estudios Globales.
Universidad Anáhuac México.
