Guerra comercial: hecho en China 2025
El plan otorga financiamiento, subsidios y facilidades para que las empresas chinas adquieran a su competencia en otros países.
Por Analicia Ruiz*
La guerra comercial entre China y Estados Unidos va más allá de disminuir el déficit. Lo que está en juego es quién será la potencia comercial en el futuro próximo, quién será el líder en innovación y tecnología en los próximos años. Para Estados Unidos, el punto central es el Plan Hecho en China 2025, y va más allá del déficit comercial, bandera de Trump desde su campaña y sus años de gobierno.
El Plan Hecho en China 2025 otorga financiamiento, subsidios y facilidades para que las empresas chinas adquieran a su competencia en otros países, que hagan alianzas estratégicas, compren tecnología de sus competidores e inviertan en investigación en sectores clave de la economía como: fuentes alternas de energía, robótica, telecomunicaciones e inteligencia artificial. El objetivo es que la industria china sea líder en tecnología, que le permita dominar el mercado. Hecho en China 2025 cuenta con 300 mil millones de dólares de financiamiento y ha causado alarma en los círculos cercanos al presidente Trump, así como en el mundo desarrollado.
Los líderes en China y en Estados Unidos se manifiestan decididos a frenarse mutuamente. La reciente escalada en la guerra comercial se desató hace poco más de un mes cuando Trump anunció aranceles a los productos de acero provenientes de China, que a su vez contestó con la imposición de aranceles a productos estadunidenses. A continuación, Trump anunció que instruyó a su representante comercial para que identificara 100 mil millones más de productos para imponer aranceles.
Poco ganan Estados Unidos y China con esta escalada de aranceles y declaraciones, pero más allá de la estridencia, lo que está en juego es la carrera por la innovación y el dominio del mercado. Con el endurecimiento en las medidas, Trump busca demostrar a los líderes en Pekín que son inaceptables sus políticas de presionar a las empresas norteamericanas para transferir tecnología a cambio de apertura del mercado.
A diferencia de China, cuyo líder logró desaparecer la temporalidad para su estancia en el poder, para Trump las presiones electorales presentan otro reto e incentivo para mostrar decisión y dureza. La guerra comercial le permite argumentar que está trabajando por reducir el déficit comercial, una de sus grandes promesas de campaña.
Las últimas declaraciones de Trump sobre la posibilidad de reanudar su participación en la negociación del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) muestran que, en la Casa Blanca buscan evitar el desgaste en otras zonas estratégicas y concentrar su fuerza para enfrentar a China en materia comercial. Esas declaraciones podrían ser un indicativo de que la gran potencia está buscando aliados en su ofensiva comercial frente a China.
México podría estar en el mismo caso. En un giro inesperado, Trump declaró a principios del mes de abril que están trabajando para avanzar las negociaciones de TLCAN y que podría haber un acuerdo en el corto plazo. Todo sugiere que Trump no quiere enfrentar al monstruo chino y a sus vecinos al mismo tiempo, y tendrá que buscar alianzas.
Lo que ha quedado claro es que, para Estados Unidos, la guerra comercial es la búsqueda por garantizar el liderazgo en innovación, más que reducir el déficit comercial. La guerra es a largo plazo y es por dominio tecnológico.
* Profesora de la Facultad de Estudios Globales.
Universidad Anáhuac México.
