Disrupciones de abastecimiento petrolero
Se trata de una interrupción brusca de la disponibilidad de la oferta exportable de petróleo como consecuencia de una caída de la producción.
En los estudios internacionales de seguridad energética tiende a dominar la perspectiva de análisis de los países importadores de petróleo y gas que ponen el acento en la seguridad de abastecimiento. Desde hace décadas se contemplan riesgos de disrupciones de abastecimiento petrolero atribuibles, tradicionalmente, a eventos geopolíticos.
Una disrupción de abastecimiento petrolero (oil supply disruption) es una interrupción brusca de la disponibilidad de la oferta exportable de petróleo (y/o de combustibles refinados) como consecuencia de una caída de la producción. Generalmente, la disrupción es seguida de un shock petrolero, es decir, una elevación acelerada del precio del petróleo. Algunas disrupciones geopolíticas importantes han sido el embargo de la OPEP en noviembre de 1973, la revolución iraní de noviembre de 1978, el inicio de la guerra de Irak vs. Irán en octubre de 1980, la invasión de Irak a Kuwait en agosto de 1990, la invasión estadunidense a Irak en marzo de 2003 y la Guerra en Libia vigente desde 2011. Las llamadas “guerras del gas” entre Ucrania y Rusia provocaron disrupciones de gas en los mercados europeos en 2006 y 2009.
En mayo de 2016 la oferta petrolera mundial se redujo en casi 300 mil barriles diarios (b/d) por los ataques a la infraestructura petrolera llevados a cabo por las milicias antigubernamentales en Nigeria. Sorprendentemente, también en el mismo mes, se produjo una disrupción adicional de 800 mil b/d, pero no por una causa geopolítica, sino por una catástrofe ambiental: el incendio en Fort McMurray que obligó a evacuar a los trabajadores de la zona de arenas bituminosas en Alberta, Canadá.
Según datos de Münchener Rück, empresa alemana de reaseguros especializada en “riesgos naturales”, el número de catástrofes pasó de menos de 400 en 1980, a 640 en 2004 y hasta 1,060 en 2015, considerando eventos geofísicos (terremotos, tsunamis y actividad volcánica), y eventos vinculados con el tiempo atmosférico y el clima (tormentas, inundaciones/deslizamientos de tierra, sequías, olas de calor e incendios forestales). Tanto desde la perspectiva financiera como desde los estudios de seguridad internacional, están aumentando los análisis sobre las disrupciones que las catástrofes (tanto las llamadas “naturales” como las geopolíticas) producen en las cadenas de suministro.
Ahora, el huracán Harvey ha inundado Houston, el núcleo de la infraestructura energética de EU. Los analistas prevén una disrupción de la oferta petrolera por una caída de la producción de hasta 22% en los estados del Golfo de México de la Unión Americana y una paralización de hasta 15% de la capacidad de refinación estadunidense. Considerando el incendio de Fort McMurray y el huracán Harvey, ¿debemos prepararnos para una nueva época de disrupciones de abastecimiento petrolero por catástrofes “naturales” que llegan a sumarse a los tradicionales riesgos geopolíticos?
Hasta ahora, México sólo había contemplado las disrupciones con los ojos de un exportador de crudo: ¡el precio del petróleo subirá! Nuestra creciente dependencia energética de hidrocarburos refinados nos pone en una situación distinta: nuestro principal abastecedor de gasolina, el estado de Texas, ha sido severamente golpeado y estamos ante una situación potencial de escasez de suministro.
* Profesor de Geopolítica y estudiante de Doctorado en Seguridad Internacional. Facultad de Estudios Globales,
Universidad Anáhuac México campus Norte.
