Separatismos en Europa

El referéndum sobre la independencia escocesa fue uno particular, ya que se realizó después de que los gobiernos de Escocia y Reino Unido acordaron que el resultado del mismo sería legalmente vinculante.

Christel Bade *

El 18 de septiembre de 2014 el movimiento independentista escocés, liderado por el Partido Nacional Escocés (PNE), perdió un referéndum con 55.3% de los votos y una participación de casi 85%. Si bien, el resultado significó un duro golpe al movimiento nacionalista, Escocia recibió la promesa por parte del gobierno de Reino Unido de que ciertos poderes centrales —en materia de gasto social, recaudación de impuestos y fracking— le serían devueltos.

El referéndum sobre la independencia escocesa fue uno particular, ya que se realizó después de que los gobiernos de Escocia y Reino Unido acordaron que el resultado del mismo sería legalmente vinculante.

El 27 de septiembre Cataluña celebró elecciones autonómicas que fueron transformadas por los nacionalistas en un plebiscito de facto sobre la independencia de España. A diferencia de lo que ocurrió en Escocia, este “referéndum” se llevó a cabo sin el consentimiento del gobierno español. De hecho, si uno se refiere a la Constitución de ese país, la celebración de consultas populares está consagrada al Estado.

El resultado del referéndum catalán es complejo. La coalición independentista, Junts pel sí, obtuvo 39.5% de los votos, correspondientes a 62 escaños en el parlamento, número que no le da la mayoría absoluta, por lo que tendrá que pactar con la CUP, que obtuvo 8.2% de los votos o 10 escaños. Así, la unión de ambas fuerzas políticas suma 72 escaños, pero únicamente 47.8% de los votos. Es decir, tienen la mayoría absoluta en el parlamento, pero no la mayoría de los votos de los ciudadanos.

Lo que ocurra a partir de ese resultado es una incógnita. Los nacionalistas se enfrentan a duras pruebas: pretenden negociar la independencia con el gobierno central durante los próximos 18 meses, eso, si el gobierno está dispuesto a hablar; en caso de que no, entonces quieren declarar la independencia unilateral en seis meses. Asimismo, tienen un problema de liderazgo, la CUP no quiere al actual presidente de la Generalitat, Artur Mas, quien además acaba de ser imputado por delitos de desobediencia grave en relación con la consulta independentista del 9 de noviembre de 2014.

Más allá de lo que pueda ocurrir con Cataluña y el efecto que pudiera tener sobre otros movimientos separatistas europeos, hay una cuestión interesante que se desprende de estos casos, y es que enfrentan dos principios clave de la organización del sistema internacional: el derecho a la autodeterminación de los pueblos y la integridad territorial de los Estados. En general y, a menos que haya un acuerdo legal entre los involucrados, el segundo principio prevalece sobre el primero, aunque vaya en contra de un deseo popular democrático.

En el caso de Cataluña, debido a la importancia económica que tiene en España (representa 20% del PIB nacional), es muy poco probable que se alcance un acuerdo con el gobierno central, así que en lugar de buscar la independencia, los catalanes podrían negociar la obtención de mayores poderes regionales. En el caso de Escocia, por el momento, la situación está calmada, el PNE tiene mayoría absoluta en el parlamento regional y la devolución de poderes se ha puesto en marcha sin mayores contratiempos.

Habrá que estar atentos a estos casos, ya que si tuvieran éxito —cosa poco probable—, podrían significar el primer paso hacia un cambio importante en la organización estatal actual.

* Coordinadora académica de la Facultad de Estudios Globales, Universidad Anáhuac México Norte.

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