Una muerte lenta y dolorosa

El martes, el Reino Unido batió su propio récord de temperatura más alta con más de 40 grados.

La experiencia le ocurrió hace más o menos una década a quien esto escribe: ¡En Londres no llovía! ¡Nada! ¡Ni una gota! Hacía un calor inusual y detestable. Ignorante de la situación, durante las primeras horas de ese viaje fue muy extraño ver a todo mundo armado de sus pintas fuera de los pubs, en los patios o las banquetas de aquéllos. Pensé, estúpidamente, que sería una misión imposible pedir una cerveza dentro, que los locales estarían a reventar. Pero no. Con muchas ventas del bendito líquido, cosa de por sí frecuente en Gran Bretaña, los súbditos de Isabel II celebraban en las calles, bebidas en mano, los baños de los rayos de sol cortesía del Indian Summer, fenómeno climático supercálido que se rara vez se instala en la isla, informaron los medios de comunicación. Aquél fue el primero en varios lustros.

Así, las chamarras, la ropa térmica y, sobre todo, los paraguas se quedaron en las maletas. Asimismo, se advertía otro fenómeno: los británicos sonreían. A la hora del lunch se tiraban en los parques, donde cualquier espacio con pasto no se desaprovechaba, quitándose zapatos y calcetines. La felicidad fue el lugar común en cualquier alrededor londinense. Eventualmente, más pronto de lo deseado retornaron a Inglaterra las espesas nubes, las lluvias tupidas y las caras largas, pero esos días de calor en donde nunca hace calor quedaron en la memoria colectiva.

Sin embargo, una cosa es el Indian Summer y otra el estado de emergencia por el cambio climático. El martes, el Reino Unido batió su propio récord de temperatura más alta con más de 40 grados. En la isla de enfrente, los irlandeses, que de vez en cuando también sufren toques de queda debido a los fuertes vientos, se tomaron el día. Sencillamente se largaron a las playas.

Pero el asombro que provoca este hecho debería estar acompañado de preocupación. El director de la agencia meteorológica del Reino Unido, Stephen Belcher, dijo que tales temperaturas habrían sido “prácticamente imposibles” sin el cambio climático. Si los gobiernos no actúan a la voz de ya para combatir las emisiones de carbono, advirtió Belcher, “podríamos ver temperaturas como ésta cada tres años” (Los Angeles Times, 19/agosto/2022).

En tanto unos aprovechan el calor, en otros puntos de la Tierra se padecen, por lo mismo, incendios forestales, sequías y hambrunas. Nota bene: en el Tour de Francia de este año, la competencia ciclista de mayor tradición, los competidores deben superar los efectos de esta ola de calor a la par de la ya muy demandante competencia.

Esta semana, en Berlín, en una reunión para discutir la crisis climática con representantes de 40 países, António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, advirtió sobre el asunto: “No hay opción: acción colectiva o suicidio colectivo”. Y sí, esta tarea nos compete a todos los habitantes del planeta: “Debemos reconstruir la confianza y unirnos para mantener vivo el objetivo de 1.5 grados y construir comunidades resilientes al clima. Las promesas hechas deben ser cumplidas”.

Los gobiernos ciertamente tienen que tomar cartas en el asunto. Pero también los ciudadanos podríamos de una vez por todas vigilar activamente a nuestros representantes y funcionarios para evitar una muerte lenta y dolorosa.

 CAJA NEGRA

Ediciones Moledro, de Alejandro Arras, aventuró una bella reedición de El solitario Atlántico, novela narrada desde la mirada infantil, de Jorge López Páez (1922-2017). Será presentada el 26 de julio, a las 18.00 hrs., en la Librería Bonilla, Miguel Ángel de Quevedo 477, con los comentarios de Carmen Boullosa, José Luis Martínez S., Pável Granados y José María Espinasa. El veracruzano López Páez es un maestro del largo aliento de nuestras letras y con este evento arrancan propiamente los festejos por su centenario. 

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