Mujeres de inteligencia

85 años después, Blaise Metreweli no sólo cuenta con la confianza, sino con el crédito de quienes decidieron su nombramiento. Fue anunciada como la primera mujer que encabezará, dentro de unas semanas, el MI6

Historiadores han subrayado la paranoia de Stalin. Enfermó de desconfianza, inició una purga sangrienta, pero sus rivales en el exilio le robaban el sueño. El 21 de agosto de 1940, uno de los agentes del servicio de seguridad soviético, Ramón Mercader, asesinó a León Trotsky, en casa de éste en Coyoacán, y acaso Stalin pudo dormir un poco mejor.

Sin embargo, ese crimen encendió las alarmas de Walter Krivitsky, un espía que, para atender sus últimas misiones, se instaló en La Haya con la fachada de anticuario. Eliminado Trotsky, Krivistsky, desilusionado de las políticas de su país, estaba seguro de que era el siguiente objetivo. Había desertado a finales de 1938 y solicitó el apoyo de Estados Unidos, donde colaboró con las oficinas de inteligencia, pero, apuntan los que saben, nadie sacó mejor provecho de los interrogatorios a Walter Krivitsky que Jane Archer, la primera mujer con rango de oficial de los servicios de seguridad del Reino Unido.

Entrenada para luchar contra el comunismo y analizar el espionaje soviético, Archer obtuvo información clave sobre agentes de Moscú incrustados en los despachos británicos en los que se tomaban las grandes decisiones. Sus informes sobre las revelaciones de Krivistsky, sencillamente, fueron subestimados por sus superiores, todos varones. Demostró la existencia de manzanas podridas, pero acaso desconfiaron de ella por “ser mujer”, por lo que reaccionaron tarde ante la amenaza que juraron combatir.

Hoy día, unos 85 años después, Blaise Metreweli no sólo cuenta con la confianza, sino con el crédito de quienes decidieron su nombramiento. Fue anunciada como la primera mujer que encabezará, dentro de unas semanas, el MI6. Se incorporó al servicio en 1999 tras estudiar antropología en Cambridge, universidad fértil para el reclutamiento de la sangre joven, y desempeñó funciones operativas en Medio Oriente y Europa, según la información disponible hasta el momento.

El primer ministro Keir Starmer saludó la designación, calificándola de “histórica” al tiempo que lanzó un claro mensaje: “El Reino Unido enfrenta amenazas sin precedentes, ya sean agresores que envían barcos espía a nuestras aguas o piratas informáticos cuyas sofisticadas tramas cibernéticas pretenden perturbar nuestros servicios públicos”.

Así, contemplar ahora un rostro femenino al frente del MI6 supone un nuevo paso del cambio cultural que borra un largo capítulo de exclusión en las esferas del espionaje británico, además de otorgar una visión de diversidad, acorde con los tiempos que corren.

La prensa dio cuenta del hecho de que la única jefa del servicio fuera la actriz Judi Dench en su papel de “M”, desde mediados de la década de los 90, para las películas de James Bond. En la vida real, la letra correcta es “C”, correspondiente a Mansfield Smith-Cumming, que en 1909 se convirtió en el primer director del servicio, y quien firmaba sus documentos con la tercera letra del abecedario, con tinta verde. En la película Tinker, Tailor, Soldier, Spy, de 2011, basada en la novela homónima de John le Carré, el jefe es interpretado por John Hurt, quien firma con esa letra y pluma fuente de tinta verde, pero respondía al nombre de “Control”.

Sobra decir que madame Metreweli ha adquirido una altísima responsabilidad. De acuerdo con los reportes más frescos, Irán y China son las amenazas, pero la simpatía de Donald Trump por Vladimir Putin representa una problemática que habría que desactivar de manera sutil, como si se tratara de una bomba de tiempo.

Y en ese escenario emerge la figura de Blaise Metreweli, quien, como dictan las normas clásicas del espionaje jamás escritas, deberá ser más rápida para disparar que cualquier fotógrafo.

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