Michio Kaku: el futuro acecha

En la transición de los milenios seguíamos obnubilados con los alcances de internet, ese Aleph doméstico que con un clic nos llevaba a “navegar” (así se decía entonces; ¿se dice así hoy?) por lo recóndito y lo impensado.

El cáncer ha sido una de las grandes obsesiones de la ciencia. No hay cura. Quizá nunca la haya. Pero de un tiempo a la fecha se sabe que hay una posibilidad alta de vencerlo si se detecta a tiempo. En ese sentido, para contar con una señal temprana, las tecnologías permitirán tener una suerte de laboratorio en casa. Un dispositivo instalado en el excusado emitirá alguna alerta, resultados que habrá de analizar un especialista.

Fueron muchos aspectos sorprendentes que el físico Michio Kaku reveló en una conferencia el miércoles pasado, como orador estelar en el marco de WIRED Summit 2024. Autor de varios bestsellers, Kaku lleva décadas como una de las figuras más notables de la divulgación científica. Se presentó en un salón de World Trade Center con su pequeña melena canosa, como Einstein, orgulloso seguidor de su estela.

Precisamente, la teoría del todo fue la quimera inconclusa de Einstein. Como su apóstol, Michio Kaku ha puesto todas sus energías para explicar y dar con la tecla a tantas interrogantes que inician, y concluyen, con la inteligencia. “El cerebro humano es una caja negra”, dijo Kaku, bello lugar común, sobre todo para los días que corren en los que aparentemente tenemos como nunca acceso directo al conocimiento, pero sin atender a cabalidad esa invitación. 

Kaku expuso otras posibilidades que auxiliarán en nuestro día con día, como el uso de lentes de contacto que podrían ofrecer información de la gente desconocida con la que se interactúe, o los aviones que no harán ruido, con lo que la paz llegará por fin a los moradores cercanos de los aeropuertos. En ese sentido, el turismo espacial, si bien ya toda una realidad, será una opción a precios razonables.

Aun cuando la era cuántica promete resolver desafíos científicos, en buena medida porque las siguientes computadoras serán millones de veces más veloces para procesar la información, el impacto inmediato que ha tenido la inteligencia artificial podría maximizarse pronto. Así, con el simple hecho de pensar, con el auxilio de un asistente personal como ChatGTP, tendremos resueltas nuestras tareas cotidianas, con la salvedad, y Kaku fue muy claro en ello, de las habilidades humanas en plomería, carpintería y demás oficios.      

Hay un aspecto inquietante en todos estos avances: la preocupación de la CIA y demás agencias de inteligencia, sobre todo con el panorama de la IA.

En la transición de los milenios seguíamos obnubilados con los alcances de internet, ese Aleph doméstico que con un clic nos llevaba a “navegar” (así se decía entonces; ¿se dice así hoy?) por lo recóndito y lo impensado. Una mezcla de generaciones pronto aprovechó esa maravillosa herramienta para su uso cotidiano, ya en el estudio, ya en el trabajo, pero sobre todo fue utilizada en las horas de ocio, ignorantes de la nueva adicción. Sin embargo, esas mismas generaciones vivieron y lucharon por años ante una contradicción: una década atrás había caído el Muro de Berlín, pero el PRI, dinosaurio sin su asteroide, mantenía el poder.

El mundo, sin apenas darnos cuenta, cambió drásticamente. La tecnología, pisando el acelerador hasta el fondo, ha contribuido decididamente a ejercer esos cambios. Hace 24 años, en cuestiones de lectura, Michio Kaku tenía su opinión de los ordenadores como sustitutos del papel. Por entonces, decía Kaku, “a la gente le sigue gustando echar un vistazo a los titulares de los periódicos antes de ir a trabajar y leer libros de bolsillo en la playa, en casa o en el Metro. El papel se ha convertido en algo tan cómodo que las pantallas de ordenador podrían no alcanzar nunca su objetivo”.

Vistas las cosas hasta el momento, los soportes para lectura son un asunto menor. Las revoluciones tecnológicas han hecho del materialismo histórico un manantial latente.

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