Inteligencia artificial, los ritmos y los hechos

La Inteligencia Artificial (IA) se ha vuelto omnipresente sin que tengamos la certeza de que nos será verdaderamente útil.

De un tiempo a la fecha no pasa un solo día sin que nos desayunemos con noticias sobre la Inteligencia Artificial (IA). Por supuesto, el hecho de dar el primer sorbo de café de la jornada al repasar las novedades se queda cada vez más atrás, pues en los dispositivos móviles las alertas caen como agua de manantial. Sin embargo, el veterano lector de diarios y revistas comprende que revisar los periódicos cuando sale el sol es todo un ritual clásico de la gente que le gusta mantenerse informada.

Como sea, la IA se ha vuelto omnipresente sin que tengamos la certeza de que nos será verdaderamente útil y, contrario a las virtudes que anuncia, ha merecido el rechazo en algunos espacios, marcadamente por cuestiones éticas.

En ese escenario, sólo resta imaginarme al curioso de las hemerotecas cuando revise, digamos, en el año 2123, las publicaciones impresas en el que corre en las que advertirá que las noticias sobre la inminente presencia de la IA en nuestra vida cotidiana prácticamente eclipsaron a las del cambio climático, una problemática que no se discute ni se atiende como debería (por lo demás, le deseo suerte a ese hipotético lector que dentro de cien años leerá estas líneas en la hemeroteca de su elección, si es que éstas siguen en pie para entonces).

El caso es que algunas empresas ya empiezan a prescindir de sus empleados, paulatinamente sustituidos por programas de IA. Se ahorran sueldos y prestaciones a cambio de mayor productividad y la sencilla actualización de esos programas, de acuerdo con un estudio de Goldman Sachs (The Potentially Large Effects of Artificial Intelligence on Economic Growth, disponible aquí: https://www.key4biz.it/wp content/uploads/2023/03/Global-Economics-Anal...).

En otros ámbitos, la Academia de Grabación de Estados Unidos publicó nuevos protocolos para los premios Grammy, incluida una regla que estipula que “sólo los creadores humanos” pueden ser candidatos a ese galardón musical: “Un trabajo que no contiene autoría humana no es elegible en ninguna categoría”, se determinó en la más reciente reunión semestral de la junta directiva de la citada academia (La Jornada, 19-VI-2023).

Otras voces, en cambio, han aprovechado las ventajas de la IA sin dejar de lado a los expertos. Por ejemplo, los historiadores han tenido avances significativos en las restauraciones e interpretaciones de inscripciones griegas antiguas. Así, documentos escritos entre el 700 a. C. y el 700 d. C. han sido restaurados gracias a un algoritmo de IA llamado Ithaca que restauró textos con más del 60% de precisión, en tanto que los historiadores del antiguo Mediterráneo alcanzaron alrededor de 25%, refiere la revista New Scientist, citada por el diario Cinco Días (19-VI-2023). Una tecnología similar logró que en 2021 unos investigadores de la Universidad de Groninga, en los Países Bajos, descifraran “nuevos contenidos de los manuscritos del Mar Muerto”, lo que le habría hecho el día a Edmund Wilson, quien en 1955 publicó una erudita crónica: Los rollos del Mar Muerto, disponible en México en los Breviarios del FCE.

Regreso un poco al principio de este artículo. J. R. Moehringer advirtió que “el periodismo es el primer borrador de la Historia”. En ese sentido, nunca entendí a los colegas que firman los boletines de prensa. Resulta ridículo ver tres o cuatro firmas, “autoras” de la misma nota, como aquella en que hicieron a José Vasconcelos “pintor”, junto a Diego Rivera, de los murales de Palacio Nacional. En ese sentido, imagino a reporteros a merced de la inteligencia artificial para “acelerar” su trabajo, lo que hablaría, precisamente, de lo limitado de la suya.

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