Gaza y falange
En Gaza hay dominación y colapso. Hace falta una falange. Metafóricamente, ésta la podrían formar de manera más decidida algunos aliados de Israel, como Alemania y el Reino Unido... Al final, las consecuencias de cualquier guerra se miden en pérdidas humanas
Las guerras no son lo que leímos en los libros. Hoy tienen otros nombres. Se les llama “soluciones tácticas”. También “operaciones quirúrgicas”. En algún lado citaron ataques con el propósito de facilitar “pausas humanitarias”. Sobre todo las imágenes aéreas del antes y el después de Gaza dicen demasiado. Donde había casas que más o menos formaban algo parecido a ciudades, ahora hay kilómetros de escombros.
Según Naciones Unidas, se requieren 600 camiones diarios para cubrir las necesidades básicas de los 2.2 millones de “víctimas colaterales”, pero al día de hoy ingresan entre 70 y 80 camiones con cargas restringidas. Los noticieros pasan la llegada de alimentos que provocan estampidas humanas. Un médico británico denunció que le confiscaron las fórmulas para alimentar a los bebés.
Lo que hoy presenciamos en Gaza se llama desplazamiento y ocupación. ¿Qué falta ver? ¿Que mujeres y niños se lancen al mar, como los cerdos que se despeñaron por un acantilado? Como las guerras no son lo que leímos en los libros, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se refirió a su más reciente “estrategia” que tiene como objetivo derrotar a Hamás, el rescate de sus rehenes y “el establecimiento de una administración civil alternativa, sin participación del grupo paramilitar ni de la Autoridad Palestina”.
En todo caso, el costo humanitario es el que debería tomarse en cuenta para que Netanyahu y los suyos hagan cualquier cálculo estratégico. Ya lo notaba el historiador A.J.P. Taylor: “No hay nada más desastroso que un comité de hombres extremadamente capaces”. En Gaza, la hambruna, la falta de medicinas, las muertes de civiles y los desplazamientos masivos son realidades registradas en hospitales y en fotografías que no requieren descripciones. Máquina de guerra y exterminio frente a una infraestructura social hecha polvo.
Aunque las guerras no son lo que leímos en los libros, conviene echarle un vistazo al Anábasis, de Jenofonte: “... ahora las cosas están así: sin luchar no es posible salir de aquí. Si nosotros no atacamos a los enemigos, éstos nos perseguirán cuando nos vayamos y caerán sobre nosotros. Ved, por consiguiente, si es mejor ir contra estos hombres con las armas por delante o que los enemigos nos ataquen por detrás con los escudos cubriéndonos las espaldas”.
En Gaza hay dominación y colapso. Hace falta una falange. Metafóricamente, ésta la podrían formar de manera más decidida algunos aliados de Israel, como Alemania y el Reino Unido, que empiezan (¿empiezan?) a reprobar lo que será una herida profunda que acaso anime una nueva resistencia en la zona. Al final, las consecuencias de cualquier guerra se miden en pérdidas humanas..
- CAJA NEGRA
Si el punto de inflexión de la segunda mitad del siglo XX fue 1968, no fue gratuito ni baladí que la presidenta Sheinbaum señalara ser “hija del 68”, año del punto de partida de la lucha por la democracia. Siguieron la caída del sistema de 1988, el neozapatismo y los magnicidios de 1994, la alternancia del panismo y la ascensión del lopezobradorismo (¿por qué le llaman “obradorismo”?). En todos esos momentos, Porfirio Muñoz Ledo fue clave. Protagonista como presidente del PRI en el 68, fue asimismo figura permanente en los movimientos antes citados que configuraron el México de hoy, con tareas aún pendientes. Es por ello que hay que celebrar Camino a la nueva República, obra póstuma de don Porfirio: “Lo que en última instancia significa el cambio democrático es la mutación del súbdito en ciudadano”.
