La futilidad de una guerra ya sufrida

Hace años que la palabra “guerra” es habitual en los titulares sin que el horizonte cercano traiga un atisbo de solución. La muerte de El Mencho, el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue recibida por muchos como un golpe tremendo al poder del crimen organizado. Pero, como señalan varias voces y recientes análisis, la historia de México y los cárteles jamás ha demostrado que matar capos transforme la realidad estructural del narcotráfico.

El hecho lo observó The Wall Street Journal con frialdad. La crónica de esfuerzos resulta impactante para los noticieros o la plana principal de los diarios, pero no es necesariamente eficaz.

Con apoyo de la inteligencia de la CIA se logró eliminar a El Mencho, pero “en cuestión de horas, la violencia de represalia estalló en México”. Ahí está la infausta paradoja. El acto de fuerza produce más violencia. Y se trata de un hecho indeseable, pues la población civil paga esa factura. Si los soldados están al servicio de la patria, los muchachos armados del CJNG no dudan en aterrorizar “al pueblo”, que se esconde donde puede o se defiende de un ataque “espontáneo”, pero en clara pelea desigual.

En su día, Andrés Manuel López Obrador dijo que ordenó la liberación de Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo, para evitar la muerte de civiles. ¿Hizo mal? No hay consenso entre los expertos sobre ello, pero a la luz de lo sucedido el domingo pasado, el Culiacanazo parece una broma.

El WSJ recuerda que administraciones estadunidenses de todas las tendencias eligieron enfoques similares, desde Nixon hasta Obama, sin resultados distintos: “Cada administración optó por aplicar medidas. Todas fracasaron”.

La plana editorial del Financial Times coincide con esa tesis. La operación que llevó a la muerte de El Mencho fue celebrada como “un progreso en capacidades de cooperación y de orden público”, pero no como el fin del problema (“La batalla más grande de Mexico en la guerra contra las drogas está por venir”). El FT insiste en que, más allá de un golpe certero, el verdadero reto para la administración de Claudia Sheinbaum es “confrontar la corrupción política y los vínculos entre funcionarios y crimen organizado”.

Si matar capos resolviera el problema, la historia mexicana sería otra. Pero no lo es. Los cárteles no se disuelven. Se reordenan, se adaptan, se multiplican. The New York Times lo resumió en una cabeza: “Tras seis décadas de la guerra contra las drogas, los cárteles sólo se han vuelto más feroces”.

Como señala la pieza del WSJ, podemos destinar recursos, cambiar tácticas, incluso dramatizar con imágenes de poderío militar, pero en el fondo se trata de “más de lo mismo”. Tenemos una guerra que ni siquiera ganamos por partes.

 

  • CAJA NEGRA

El economista Larry Summers fue interpretado por el actor Douglas Urbanski en la película La red social (2010), en la que aparece como el prepotente rector de la Universidad de Harvard: “La oscuridad es la ausencia de luz; la estupidez, mi ausencia”, refiere al teléfono al tiempo de recibir en su despacho a los gemelos Winklevoss, estudiantes (undergrads) con una invención brillante que les fue robada. En una escena memorable, desestima las quejas contra Mark Zuckerberg, sugiriéndoles que se concentren en sus estudios en lugar de buscar un trato especial por el plagio de la idea de Facebook. El caso es que Larry Summers, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos durante el gobierno del expresidente Bill Clinton (1993-2001), renunció esta semana a su puesto de profesor en Harvard debido a sus vínculos con el delincuente sexual Jeffrey Epstein. Summers apareció en los archivos sobre Epstein publicados por el Departamento de Justicia como alguien que mantuvo extensos intercambios con el ya fallecido financiero. Como sea, la realidad brutal supera al metaverso.

 

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