El mundo está en sus manos

Con las compañías de Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y Elon Musk, este trío acumula fortunas multimillonarias que superan las economías de países enteros.

Hablando en plata, el 1% de la población mundial posee casi la mitad de la riqueza, según el UBS Credit Suisse Global Wealth Report 2025. En contraste, unos mil millones de ciudadanos de a pie comparten menos de 1 por ciento. En este escenario, los superricos diseñan las reglas del juego y se las entregan, para que se cumplan ipso facto, a los políticos en turno, pero eso no es ninguna sorpresa.

Sin embargo, habría que subrayar el hecho de que la mayoría de los acaudalados del planeta vive en Estados Unidos: cuatro de cada diez millonarios residen allí, una cifra muy superior a la de otras regiones que cualquiera supondría, como China o Europa Occidental. Entre los personajes implicados en este dominio económico figuran nombres y rostros muy conocidos: Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y Elon Musk. No fue casualidad que los tres estuvieran codo a codo durante la ceremonia de toma de posesión de Donald Trump.

De Bezos, Zuckerberg y Musk sobran reportajes, documentales, libros o películas. Digamos que ninguno de los tres tomó muy en serio las clases de ética durante su educación media superior. El fundador de Amazon tiró línea en la sección de opinión de su juguete impreso, The Washington Post. La idea original de Facebook pertenecía a otros alumnos de Harvard. A su vez, el dueño de Tesla se aburrió en pocos meses del servicio público que prometió “sacudir” (aunque su breve paso ciertamente sigue causando estragos en la administración de Estados Unidos).

Con sus compañías, este trío acumula fortunas multimillonarias que superan las economías de países enteros. Una cosa es comprar islas privadas y otra alquilar Venecia para contraer matrimonio. Entre ellos también hay niveles. Vistas así las cosas, quizá la idea de cobrar más impuestos a los que más generan no parezca tan peregrina.

Pero en nuestro mundo, los ricos, sin importar el rango, son la excepción. A pesar de los avances científicos y tecnológicos, la desigualdad es una problemática que no se ha abordado como merece. Las brechas, lejos de reducirse, se abren cada cierto tiempo como grietas en una pared, pero sin provocar la alarma que supondría el asunto.

Al margen del referido estudio del UBS (que se puede consultar, previo registro, aquí: https://www.ubs.com/global/es/wealthmanagement/latamaccess/contact-us/gl...), el día con día nos revela que las cifras no son abstractas. Las consecuencias están a la vista: sectores enteros en la pobreza (con apenas lo básico para salir al día), una clase media con el agua al cuello (a cuya población se le agregan síntomas de depresión y ansiedad) y posibilidades de movilidad muy rebasadas (crecieron las ciudades, pero permanecen los mismos servicios). Puede que la desigualdad nos provoque vergüenza, pero las agendas de políticas públicas siguen a la espera de una ruta crítica mucho más agresiva para abordarla.

En México no hay vuelta de hoja: sólo resta tributar en serio para tener la mejor educación posible, una vivienda digna y un servicio de salud a la altura que no carezca de medicinas ni vacunas. Tenemos democracia, pero ésta no ha sido garantía de resolución ante el acumulado de los desafíos.

  •  

CAJA NEGRA

Israel Vallarta es un hombre libre. Ya he comentado aquí Una novela criminal (2018), de Jorge Volpi, obra que detalla su caso y el de algunos otros, notablemente el de la ciudadana francesa Florence Cassez. Dedicaré alguna entrega siguiente a Fabricación (2025), de Ricardo Raphael, que aborda el affaire de Isabel Miranda de Wallace. La industria del engaño es parte importante de los grupos criminales que operan en el país.

Temas: