Egipto demanda la Piedra de Rosetta
Se pretende recuperar “un icono”, un objeto clave para descifrar los jeroglíficos y entender milenios de civilización.
En 1808, Napoleón invadió España, por lo que llamó a filas a todos los hombres desde los 17 años para combatir la resistencia. Entre esos jóvenes estaba Jean-François Champollion, que había quedado maravillado con la expedición del emperador a Egipto, poco más de un lustro antes. En esa ocasión el estratega corso dijo: “¡Soldados! Desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos los contemplan”.
Pero a Champollion le horrorizaba la idea de ir a la guerra. “Él, que sabía guardar la más rigurosa disciplina de espíritu, temblaba al imaginarse las guardias, los grupos de los hombres formados y sometidos a una disciplina estúpida que medía con el mismo rasero a todas las almas”, según relata C.W. Ceram en Dioses, tumbas y sabios. La gran aventura de la arqueología. Su hermano, 12 años mayor, que siempre lo protegió, movió influencias para que le permitieran a Champollion continuar con sus estudios.
Esa decisión cambió el rumbo de la historia de la humanidad. Champollion, que dominaba más de una docena de idiomas antiguos, entre ellos el copto, más cercano “al espíritu lingüístico del antiguo Egipto”, reconoció el sistema de escritura de la Piedra de Rosetta (Ceram). Champollion abrió las puertas para comprender la civilización egipcia.
Desde El Cairo, y con la apertura del Grand Egyptian Museum (GEM), el 1 de noviembre pasado, revive con fuerza el reclamo por la Piedra de Rosetta, al tiempo que Egipto acepta que “la mayoría de los tesoros” pueden permanecer en museos occidentales (The Times).
El secretario general del Supreme Council of Antiquities de Egipto, Mohamed Ismail Khaled, resumió recientemente la postura oficial: decenas de miles de artefactos egipcios pueden seguir en Londres, porque “forman parte de la identidad de la ciudad”, pero la Piedra de Rosetta es diferente. Fue “tomada ilegalmente” en tiempos de guerra, argumenta, y los egipcios nunca han tenido oportunidad real de contemplarla.
Así, el reclamo egipcio no pretende vaciar vitrinas, sino recuperar “un icono”, un objeto clave para descifrar los jeroglíficos y entender milenios de civilización. Es la “llave legítima” de su pasado.
Sin embargo, no hay petición oficial. A pesar del clamor público, de las declaraciones de figuras académicas, la administración del Museo Británico sostiene que nunca ha recibido una solicitud formal del gobierno egipcio para devolver la piedra.
En otras palabras, lo que ha habido es una exigencia moral y algún acercamiento diplomático, pero no un procedimiento legal en curso.
La inauguración del nuevo museo en Egipto busca consolidar su narrativa cultural, su orgullo histórico y quiere presentar ante el mundo su patrimonio bajo su propia mirada.
Pero los obstáculos son… muy británicos (los mayores piratas del mundo). El British Museum recuerda que, tras el tratado de rendición de 1801 entre fuerzas británicas y francesas, la piedra fue transferida legalmente, según sus archivos. Hoy se ampara en la ley nacional británica de 1963, que prohíbe devolver objetos de su colección salvo en “circunstancias excepcionales”.
Como sea, si Egipto no hace una solicitud formal, todo queda en mera protesta de lobby, casi banquetera.
Que los vestigios de la antigüedad estén dispersos por museos del mundo trae una extraña novedad, la del reconocimiento de que tierras ajenas fueron invadidas y saqueadas en nombre de coronas y en nombre de Dios (“Por sus frutos los conoceréis”, dice la Biblia). En tanto llega a la oficialía de partes el requerimiento legal correspondiente, quizás sea buen momento para reconocer que lo robado, a diferencia de lo regalado, se regresa a los dueños originales.
