Cuotas al calzado para salir del paso
Más tardó esta medida en anunciarse que la divulgación de los posibles nuevos costos que esta situación conllevará. Marcas globales como Nike o Steve Madden anticiparon aumentos de hasta 15% en sus precios.
Hay objetos de la vida cotidiana que pasan desapercibidos. El zapato, por ejemplo. Surgió como una necesidad básica para la protección de los pies contra el terreno, pero su evolución lo convirtió en símbolo de estatus y moda. En ese proceso, Van Gogh lo retrató como parte de la dignidad del proletariado, imagen de la que, asimismo, mediaba una belleza perteneciente al día con día. Magritte fue más lejos. Pintó unos pies que “brotan” de un par de botas. Chaplin, en su desesperación por una hambruna, se comió un zapato, escena anticipatoria de la Gran Depresión.
Al margen de matices y lugares comunes, en México el calzado es también identidad: barrios enteros y fábricas familiares en León y San Francisco del Rincón salieron adelante ante el olor de la piel curtida. Esa identidad, sin embargo, fue puesta contra las cuerdas. Durante años, la industria enfrentó dumping y la burla al programa IMMEX (Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación), que dejaba entrar calzado terminado como si de materias primas se tratara. El resultado fue dramático: cortinas abajo, empleos perdidos y un desplome de más del 12% en el sector en el último lustro, según datos de la propia industria. La trampa hecha sistema.
En el maremágnum de noticias recientes, la del zapato se percibe como un ajuste de cuentas. El gobierno federal publicó en el Diario Oficial de la Federación la resolución que impone cuotas compensatorias al calzado chino, debido a prácticas comerciales consideradas desleales que solamente causaron daño.
Se impusieron cuotas compensatorias al calzado del gigante asiático y se excluyó al producto terminado del IMMEX. La Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato (CICEG) lo llamó “avance histórico”, en tanto que la Cámara Nacional de la Industria del Calzado (Canaical) saludó el respaldo oficial y la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamin) reconoció la acción “como una medida decisiva para proteger a la industria nacional del calzado que reafirma su compromiso de impulsar la competitividad, fomentar la inversión y respaldar el bienestar de las familias en México”.
La presidenta Claudia Sheinbaum remató con una frase de política industrial: “Quienes quieran importar calzado terminado, tendrán que pagar impuestos”. Quedan pendientes, es necesario mencionarlo, protocolos más agresivos para verificar los procesos de las aduanas.
Más tardó esta medida en anunciarse que la divulgación de los posibles nuevos costos que esta situación conllevará. Marcas globales como Nike o Steve Madden anticiparon aumentos de hasta 15% en sus precios. El consumidor lo resentirá.
Pero también es cierto que llevamos años comprando barato, a costa de arruinar la industria nacional. El dilema es si preferimos zapatos importados o pares hechos en México que encarnan oficios y tradición. Quizás el consumidor bien enterado no lo vea así. Escaparates exhiben botines en 900 pesos, por ejemplo, pero, en Temu o Shein (plataformas de comercio electrónico), un par similar y con buena pinta sale en 300.
En tiempos de globalización desbocada, defender una industria local parece un gesto contracultural. En cada par hecho en Guanajuato está la persistencia de un país que sabe fabricar con sus manos.
Termino con una anécdota personal. Mi amigo Juan Galindo (condiscípulo de los ex cancilleres Patricia Espinosa y Marcelo Ebrard en El Colmex), que desde hace décadas vive en York, solía llevarse casi una maleta de zapatos adquiridos en la tierra donde la vida no vale nada. En Inglaterra, decía Juan, son carísimos
