Crecimiento, cambio y decadencia

El principal deterioro de la figura presidencial consiste, me parece, en su enfrentamiento permanente con los medios de comunicación “opositores”.

En la novela Playa de brazzaville (1990), del brillante escritor y guionista escocés William Boyd, me llaman la atención sus conclusiones, parciales, sobre la complejidad del cálculo matemático: “Una definición más sencilla me dice que el cálculo es el estudio del cambio continuo, que trata del crecimiento y la decadencia y empiezo a comprender por qué es un instrumento tan crucial.

“Crecimiento, cambio y decadencia… Eso se aplica a todos nosotros”. Vistas las cosas hasta el momento, ¿el paquete de reformas presentadas por el Ejecutivo responde a una planeación de Andrés Manuel López Obrador cuando tomó posesión, o surgen ahora mismo para impulsar la figura de la candidata oficial a la Presidencia? Colegas expertos sostienen que se trata de una estrategia para mantener a Claudia Sheinbaum arriba en las preferencias electorales. Otros están convencidos de que estas iniciativas, cuya mayoría impactaría a la Constitución, salen a la luz tras una larga proyección en los despachos de Palacio Nacional.

Hay asuntos que figuran en la agenda de López Obrador desde que empezó a destacar entre los personajes de la oposición, hacia mediados de la década de los años noventa, como la cuestión de que ningún servidor público podrá ganar más que el Presidente, pero han surgido, en épocas recientes, planteamientos que no representan otra cosa más que jugar con fuego, como elegir mediante el voto popular a los actores del Poder Judicial. No sé usted, pero quien esto escribe no tendría ni idea por quién decantarse en caso de confiar la labor a un magistrado o un juez. Vendrán nubarrones.

Sobre lo escrito por Boyd, del crecimiento entendería que esta veintena de reformas, que pasan tijera a los órganos autónomos y a las cámaras de Diputados y Senadores, obedecen a la multicomentada popularidad que goza el primer mandatario. Las encuestas del último lustro muestran que López Obrador no ha sufrido grandes caídas. Ha mantenido satisfechos a sus simpatizantes, que se cuentan por millones, a pesar de sí mismo. Claudia tiene la patente misión de agigantar la figura de su jefe.

Por su parte, en el cambio prometido quedarán varios pendientes. Precisamente, López Obrador ha dicho que, dada el estado de violencia, se vio obligado a romper su promesa de regresar al Ejército a sus cuarteles. Sobran ejemplos sobre ello hoy en día.

Finalmente, la decadencia. El principal deterioro de la figura presidencial consiste, me parece, en su enfrentamiento permanente con los medios de comunicación “opositores” y, en todo caso, en su voluntad de negación que van de los otros datos a los fiordos de Dinamarca. Pero esa pelea la tuvo con los periodistas que lo cuestionaron en las mañaneras, no con los políticos de oposición, timoratos durante toda la 4T.

CAJA NEGRA

Como ya se ha expuesto en éste y sin fin de espacios, la información fluye a la velocidad de la luz. Un hombre de 77 años murió a balazos tras aventarle su bebida a otro, un joven, acaso en sus treintas, de una mesa vecina en un bar de la colonia Portales. Como los ánimos se salieron de control, el muchacho, mojado, fue por su pistola y la accionó contra el adulto mayor. Todo captado por una cámara de videovigilancia.

El asesino y sus acompañantes salieron del local sin que, al momento de esta entrega, las autoridades informen sobre su captura. Ciertamente no es la primera vez que un simple intercambio de palabras termina en tragedia, pero ¿qué lleva a activar nuestros banales resortes para cometer un crimen? ¿A qué se dedicaba la víctima? ¿Qué hace (a hacía) el agresor para ganarse la vida? ¿Por qué no optó por soltar un golpe, o varios, en lugar de echar balazos y, ante todo, cuál fue el motivo de la discusión? Tantas preguntas más para una historia. Como diría un clásico: ¡Llamen a un reportero!

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