Combustible ilegal: nadie sabe, nadie supo

Los ladrones eran considerados “magos”. Llegan, sustraen lo que no es suyo y se van con toda la tranquilidad del mundo, sin contratiempos ni sobresaltos.

Richard Serra es una vaca sagrada del arte contemporáneo. Fallecido en marzo de 2024, a los 85 años, sus esculturas monumentales forman parte de las colecciones de los museos más prestigiosos del mundo. Su material favorito fue el acero, con el que confeccionó piezas abstractas asociadas al urbanismo y demás discursos arquitectónicos.

Pero la obra de Serra trae consigo un problema. Al tratarse de material sumamente pesado, moverla e instalarla requiere de logística de ingenieros. Sin embargo, eso no fue impedimento para que una de sus grandes piezas, de 38 toneladas, fuera robada de una de las bodegas del Museo Reina Sofía de Madrid, en 2006, sin que a la fecha se tenga pista alguna sobre su paradero. Podría decirse que las autoridades culturales españolas no se tragaron un sapo, sino un hipopótamo.

Cualquier ciudadano de a pie supondría que la Casa de Moneda, dependiente de la Secretaría de Hacienda, tiene una seguridad parecida a la de Fort Knox, pero no. La mañana del 6 de agosto de 2019 sufrió un atraco de más de 50 millones de pesos en centenarios (mil 567 de esas monedas) y relojes de colección con valor “indeterminado”. Alrededor de las 9:30 horas, tres sujetos ingresaron al edificio de Reforma 297 y pocos minutos después huyeron con el botín.

Se supo que dos de los sospechosos escaparon en motocicleta hacia el Circuito Interior, pero asimismo se ignora si el C5 de la CDMX detectó el destino de ese vehículo. No es difícil sospechar de una fuerte colaboración interna para cometer el llamado “robo del siglo”. Auditorías de la Secretaría de la Función Pública habían advertido la fragilidad del sistema de seguridad de la Casa de Moneda, carente de algunos protocolos. En 2018 también sufrió un atraco.

En una acepción clásica, los ladrones eran considerados “magos”. Llegan, sustraen lo que no es suyo y se van con toda la tranquilidad del mundo, sin contratiempos ni sobresaltos. Empero, para cometer los delitos arriba descritos es evidente que se requiere de una planeación de excelencia.

Así como no es sencillo trasladar 38 toneladas de acero sin que nadie haya visto nada, hay que tener las pelotas bien puestas para llevarse más de mil monedas de oro. Ambas acciones, evidentemente, con la complicidad de directivos y autoridades. El crimen y la corrupción son la cabeza y la cola de la serpiente: el círculo se cierra al momento en que se asesta el golpe.

Que 10 o 20 millones de litros de combustible ingresen de manera ilícita a nuestro país vía marítima en un buque sólo denota un gigantesco aparato del que forman parte autoridades de todos los niveles de gobierno y, desde luego, particulares. El negocio ilegal pasa por las aduanas y llega hasta las estaciones de gasolina. Ese contrabando de combustible, hoy conocido como “huachicoleo fiscal,” ocurre cada diez días y se trafican unos 40 millones de litros al día, distribuidos en 18 estados (El Universal, 4/4/2025).

Imagine usted el siguiente diálogo: “¿Qué trae en la pipa?”, le preguntan en un retén cualquiera a un chofer con conocimiento de causa de la actividad de la que forma parte. “Traigo diésel, pero no los papeles. Pero también traigo este fajo de billetes de a 500 pesos”.

La mejor manera de robar y distribuir lo robado, o de traficar con bienes, es hacerlo a plena luz del día, delante de todo mundo. Tan sencillo como que la seguridad o el ejército volteen para otro lado.

Temas: