Arquitectos del segundo piso de la 4T

Los arquitectos comúnmente tienen opciones laborales en las áreas de servicios generales, pero en tareas políticas no recuerdo a ninguno que valga la pena.

Ciertos arquitectos poseen mentes fascinantes. Así, de bote pronto, entre los nuestros, se debe mencionar a Luis Barragán, cuya casa-museo, cerca de Tacubaya, es uno de los espacios secretos más hermosos de la CDMX. Juan José Díaz Infante vivía en una propiedad interesantísima, sobre la avenida Ámsterdam, en la Condesa: un entramado de estructuras y esferas con alguna gran puerta que el maestro se trajo de la India. Por lo demás, todo el espacio lo tenía rodeado de banderas de los Pumas de la UNAM y de Mickey Mouse. Para ir al baño, muy parecido al que hay en los aviones, había que cruzar una suerte de puente colgante.

En el plano internacional, es una lástima que el inglés Norman Foster no haya podido llevar a cabo el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Para poner el asunto en un punto anecdótico, un buen día Oscar Niemeyer, el hombre que diseñó Brasilia, tocó la puerta de uno de sus vecinos, pues el elevador se había descompuesto y debía pasar por la zotehuela, o algo por el estilo, para entrar a su departamento. El vecino quedó sorprendido cuando, detrás del célebre arquitecto, venía Fidel Castro. Más se sorprendió cuando el comandante, en agradecimiento, le alcanzó un habano.

Pero debo disculparme con el generoso lector de este espacio. Inicié esta colaboración citando a lumbreras. Continúo en un plano mucho más terrenal. Sucede lo siguiente: no hay rastros en la web de los proyectos del arquitecto Juan de Dios Gámez Mendívil. No se sabe si alzó su propio hogar o si es autor de obra pública alguna que merezca el aplauso. No tiene edificios y tampoco hay señales de ensayos de su autoría en el que analice o comente lo hecho por sus colegas de antes y de ahora. El gran Manuel Larrosa, por lo demás, y regreso a las grandes ligas, ejerció como nadie en México la divulgación de la arquitectura en la prensa.

Según la Wikipedia, Gámez Mendívil se ha desempeñado en varios cargos, entre otros, en la Subsecretaría de Desarrollo Urbano Técnico en la conformación de planes y programas del gobierno de Sinaloa. Sin embargo, ahora mismo tiene el trabajo más difícil para cualquier arquitecto, pues se trata del presidente municipal de Culiacán. Los arquitectos comúnmente tienen opciones laborales en las áreas de servicios generales, pero en tareas políticas no recuerdo a ninguno que valga la pena. Muchos han ejercido la función pública, sin duda, pero carecen del brillo, y sobre todo del colmillo, de los protagonistas que habitualmente roban cámara.

Personaje de todas las confianzas del gobernador Rubén Rocha, Gámez Mendívil, si acaso, participará en la reconstrucción del tejido social, tarea titánica que no se ve para cuándo. Más de cien días lleva la capital de Sinaloa en guerra. Balazos de día y de noche. Mandos y civiles muertos en un enfrentamiento permanente a tres bandas (Chapos, Mayos y autoridades). Visto a la distancia, el Culiacanazo de 2019 fue una broma.

La arquitectura es refugio, pero en un plano óptimo también es placer. Al final del día, la arquitectura está asociada al bienestar. Esta última palabra ha sido emblema de la 4T. Es una buena noticia, me parece, que la presidenta Claudia Sheinbaum se presente este fin de semana en Sinaloa, donde se reunirá con los responsables de seguridad de ese estado norteño.

Decía Philip Johnson que la arquitectura, junto con la agricultura, es la labor más necesaria para la humanidad. Lo trágico, en todo caso, consiste en que a estas alturas a nadie le sorprenda el hecho de que Culiacán (una ciudad, cualquier ciudad planificada) esté asediada por el crimen organizado.

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