Antonio Carbajal (1929-2023)

Sus inicios se dieron en las calles de la vieja colonia San Rafael, donde compartió el gusto por el juego con José Alfredo Jiménez.

Poco se sabe del impacto de Antonio Carbajal en el artista Sebastián (Enrique Carbajal). En su etapa emergente, el creador de esculturas monumentales que parecen omnipresentes en las calles de nuestro país, “latas gigantescas”, las llamó Raquel Tibol, optó por el pseudónimo, entre otras razones, porque no podía compartir apellido, decía, con un futbolista cuya popularidad lo eclipsaba.

Los narradores de futbol de finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado se encargaron de informarnos a los niños de entonces y a uno que otro televidente distraído que ese director técnico polémico y malhablado era La Tota Carbajal, el mejor portero de México y el único jugador de la historia en haber disputado cinco Mundiales.

En alguna ocasión en que salió expulsado tras discutir acaloradamente con un árbitro, al final del partido los reporteros corrieron a preguntarle las razones.

— ¿Cómo que por qué me expulsó? Pues porque le dije la verdad, por eso, contestó el también llamado Cinco Copas.

— ¿Y qué le dijo al árbitro, Antonio?

— Pues que es un burro, pero ya ven, a uno lo castigan por decir verdades.

La Tota Carbajal murió el pasado 9 de mayo, a los 93 años. Acaso se trata del último de los futbolistas fundacionales del balompié mexicano tal como lo conocemos hoy en día, generaciones cruzadas bajo la tutoría de Nacho Trelles.

Sus inicios se dieron en las calles de la vieja colonia San Rafael, donde compartió el gusto por el juego con quien se convertiría en su compadre sagrado y en símbolo nacional: José Alfredo Jiménez, también portero. ¿Se imagina usted una tertulia con La Tota y José Alfredo, con tacos y aguas frescas, tequilas y dulces típicos?

Se decía que La Tota Carbajal recibió varias ofertas para jugar en el extranjero, pero las descartó porque ya tenía algunos negocios que no quería desatender. Uno de ellos, su famosa vidriería en León, desde donde contestaba de puño y letra cientos de misivas anuales que le llegaron de parte de aficionados alrededor del mundo. De alguna manera, Carbajal quedó comprometido con sus tiempos, cuando los héroes atendían en persona a sus seguidores y colaboraban con su comunidad. Don Antonio, ya octogenario, entrenó a niños y adolescentes con problemas de adicciones, miradas inocentes que sólo requerían de alguien que les diera esperanza. Una leyenda de esa estatura puso el valiosísimo recurso de su voluntad para sacar a esos chamacos adelante.

En julio de 2016, con motivo del centenario de don Nacho Trelles, Excélsior invitó a La Tota a dirigirle una carta abierta a su maestro. Entre esas líneas se encuentran las siguientes: “Fíjate, Nacho, que aquí en la vidriería tengo un escritorio en donde guardo cosas valiosas del futbol para mí. Tengo un recorte del primer punto que sacamos en un Mundial, en 1958, ante Gales, fue un 11 de junio. Otra, por ejemplo, de mi último partido, el 19 de julio de 1966, contra Uruguay, en el Mundial de Inglaterra que vimos juntos hasta el final. La primera victoria fue en Chile 1962, ante Checoslovaquia. Nos anotaron al minuto uno y volteé a verte a la banca. Entendía que necesitábamos sacar el juego adelante porque te comprendía bien que íbamos con muchas desventajas a los Mundiales y no tenías que recordármelo, sino que era algo silencioso entre nosotros, una especie de devastadora verdad. Sé que en el fondo eso era algo que te frustraba mucho, pero no te lo tomes tan a pecho, lo que hicimos estuvo bien. Tú lo hiciste bien”.

Como los sucesos del pasado tienden a quedar en el olvido, el historiador Francisco Javier Sánchez se encargó de recordar cuando la selección de México arribó de la Copa del Mundo de Chile. A las puertas del aeropuerto del Distrito Federal, un auto convertible esperó a La Tota para llevarlo a León. En gran parte de ese recorrido Antonio Carbajal fue ovacionado. En esa ocasión, la popularidad de un ídolo se midió en más de 300 kilómetros.

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