007, melodía universal
Monty Norman, la mente y el corazón de esos pegajosos ritmos, falleció el lunes pasado a los 94 años. Sin mucho que agregar, colaboró con el cómico Benny Hill y compuso canciones para los músicos más notables de su época.
Quizás nadie duda que James Bond es el espía más famoso de todos los tiempos. Sus películas ya casi rozan la treintena. Nada mal para un hombre que sólo habita en la ficción. El primer filme data de 1962 y el más reciente fue estrenado hace unos diez meses apenas. El popular personaje opera como una suerte de imagen (buena, mala, fea) que ha cruzado un sinnúmero de generaciones. Se podría afirmar que todo mundo ha visto al menos una película del agente 007 y, asimismo, tendríamos la certeza de que la mayoría de los habitantes del planeta reconoce la también famosa melodía de las películas en cuanto la escucha.
En ese sentido, no es un asunto menor que se difundiera la nota de la muerte del compositor del Tema de James Bond. Monty Norman, la mente y el corazón de esos pegajosos ritmos, falleció el lunes pasado a los 94 años. Sin mucho que agregar, colaboró con el cómico Benny Hill y compuso canciones para los músicos más notables de su época, el exitosísimo Cliff Richard y el pianista de jazz Count Basie, entre otros. Sin embargo, a Norman se le regateó su obra primaria y última. En la Wikipedia en español, simplemente, quedó asentado que el tema de 007, “hasta donde se sabe, fue compuesto por Monty Norman”, y durante muchos años ha sido motivo de “intensa especulación” si la pieza es “en realidad de John Barry”, un compositor de lustre al servicio de la industria cinematográfica, laureado con cinco premios Oscar, al que le encargaron los arreglos del 007.
Caso contrario, Norman, con la paciencia de un francotirador, ganó dos demandas, la última en 2001 al diario The Sunday Times por un artículo en el que se afirma que el tema de James Bond fue compuesto por Barry. Norman recibió 30 mil libras por daños y perjuicios. ¿Y las regalías totales por 007? Ni más ni menos que 485 mil libras, entre 1976 y 1999. Inicialmente, el proyecto del 007 contemplaba dos películas y una serie de televisión, lo que en la época “sonaba a demasiado”, dijo el propio Norman en una entrevista a The Scotsman, en 2012. “Es asombroso que la franquicia haya durado 50 años, y es asombroso que yo todavía esté aquí”.
Hay una espléndida versión del Tema de James Bond, de Johnny and the Hurricanes, banda de rock de Ohio, que nunca fue editado en el Reino Unido, salvo tiempo después en un ahora raro EP. Cosas de la vida, los Hurricanes se fueron de gira a Europa y, en Hamburgo, The Beatles, una banda poco conocida entonces, le abrió sus conciertos.
El 00 se le ocurrió al escritor Ian Fleming al iniciar la Segunda Guerra Mundial, cuando todos los signos de máxima seguridad tenían el prefijo de doble cero. “Éste se cambió, por conveniencia táctica, pero se grabó en mi mente y lo tomé prestado para Bond, personaje inspirado “en el destino de los héroes de Raymond Chandler y Dashiell Hammett”. Sin embargo, Fleming tomó el nombre de un ornitólogo, autor de Aves de las Indias Occidentales (Del archivo secreto de James Bond, editorial Novaro, 1967, en versión de Carlos Monsiváis).
En esas andaba, continúa Fleming, cuando fue a jugar golf y su oponente era “un tal Ian Bond”, coincidencia divertida, pues el hombre tenía un tío James Bond, en Essex. Lo demás es historia.
CAJA NEGRA
En cuanto a los espías de la vida real, a raíz de la muerte de Luis Echeverría surgió un coro de periodistas y académicos que apuntan lo interesante que sería sacar a la luz los expedientes de la CIA sobre el expresidente mexicano, situación revelada, en mínima parte, en la biografía del espía gringo Winston Scott, Nuestro hombre en México (2011), que desde su embajada coordinaba los esfuerzos para combatir el comunismo, con todo y el fiasco de Lee Harvey Oswald, quien se paseó por la capital mexicana días antes de asesinar a John F. Kennedy.
