No aguantan nada los chilangos

La movilización es algo que siempre estará en el ADN de la CNTE, sabe que es su mayor arma para obligar al gobierno en turno a sentarse con ellos.

La forma en que ha sido tomada y desquiciada la Ciudad de México desde hace más de dos semanas por diferentes secciones sindicales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), es el pan nuestro de cada día con la Sección 22 en Oaxaca.

Para quienes crecimos en la Verde Antequera, sabemos que la Sección 22 es la dueña y señora de las movilizaciones; lo mismo pueden acampar en el zócalo de la ciudad por semanas o meses; tomar el aeropuerto, casetas, carreteras y principales vialidades de la ciudad cuando se les ocurra; y hasta amagar con boicotear eventos de cualquier índole, sean giras del gobernador y hasta presidenciales; incluso, hasta la máxima fiesta de los oaxaqueños, la Guelaguetza, ha sido su rehén favorita.

Las nuevas generaciones de oaxaqueños hemos aprendido a convivir, a fuerza, con este problema desde hace varias décadas. Además, con sus más de 80 mil agremiados, es muy común que al menos un conocido o familiar forme parte del magisterio, por ello, es indudable que exista una especie de relación odio-amor con la Sección 22. Todo oaxaqueño tiene claro que el sector educativo es uno de los mayores empleadores en el estado y, por ende, circula la economía oaxaqueña en días de quincena.

En todo el año se viven jornadas intensas de paros y bloqueos en Oaxaca, pero es en el marco del 15 de mayo, Día del maestro, que el sindicato siempre decide irse a un paro indefinido en el que participan gran parte de sus agremiados de todas las regiones del estado. Lograr un mínimo de 80% de asistencia en las movilizaciones convocadas les asegura obtener periodos vacacionales completos, ascensos, movimientos y cualquier otro tipo de beneficios, por lo que lo que les guste o no, los trabajadores de la educación están sujetos a un férreo control de sus líderes sindicales.

En el colectivo oaxaqueño sabemos que la Sección 22 lleva al límite sus movilizaciones, recordemos que en 2006 luego de un fallido desalojo del movimiento magisterial por policías preventivos, ordenado por el entonces gobernador, Ulises Ruiz Ortiz, su movimiento se tornó en un conflicto político y social que tuvo a la ciudad de Oaxaca y su educación secuestrada por seis meses. Aquella ocasión fue notoria la empatía de gran parte de la sociedad civil que se unió al magisterio a través de organizaciones políticas, sociales, comunidades estudiantiles, artísticas e indígenas que derivó en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO).

En 2013, vendría un periodo de resistencia para la 22 tras la reforma educativa de Peña Nieto. Frustradas negociaciones, choques y hasta la toma del control del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) por el gobierno estatal, desembocó en enfrentamientos entre la entonces Policía Federal y el magisterio en la población de Nochixtlán, en junio de 2016. Este hecho le dio nuevamente visibilidad y apoyo político para resistir lo que restaba del sexenio del mexiquense, que fue un duro negociador con ellos y se aferró a quitarle el control clientelar de los maestros a los líderes sindicales.

Cuando llegó la 4T, soplaron vientos de cambio para la CNTE y el SNTE; para la Sección 22 no fue la excepción, hoy se puede decir que está en la misma posición de hace unos años atrás, tan aguerrida y en pie de lucha. La movilización es algo que siempre estará en el ADN de la CNTE, sabe que es su mayor arma para obligar al gobierno en turno a sentarse con ellos: con la movilización todo, sin movilización nada.

Es necesario que se reafirme al servicio profesional docente como eje fundamental para la admisión, promoción, reconocimiento y formación continua de las y los maestros. La calidad educativa no debe estar supeditada a los intereses de los líderes sindicales, quienes muchas veces nos han demostrado que sólo buscan el bienestar propio y no el colectivo. Unos cuantos ganan, pero 8 millones de alumnos pierden.

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