Los patios traseros de la migración
La exacerbada xenofobia trumpista impone presión política, no sólo del lado republicano, sino también está in crescendo de lado demócrata.
El ser humano en su válida aspiración busca emigrar a un mejor lugar en el que pueda desarrollarse personal y profesionalmente; muchos hemos emigrado de alguna forma, y no precisamente dejando nuestro país, basta con dejar su lugar de origen para intentar encontrar mejores oportunidades de vida. Pero qué pasaría si tu proyecto personal es residir en Reino Unido y terminas en Ruanda, o buscar nuevos horizontes en Italia y en un abrir y cerrar de ojos te encuentras en Albania, o intentar emigrar a Canadá o Estados Unidos y terminar confinado en la frontera mexicana.
Así actúan, para efectos prácticos, los llamados Tercer País Seguro. Esta controvertida fórmula es implementada por todos aquellos países alcanzados por la migración hacia su territorio, que no es exclusiva de la frontera mexicoamericana, también está ocurriendo en otras latitudes internacionales como los recientes y controvertidos acuerdos de Italia-Albania y Reino Unido-Ruanda, en el que se busca consolidar un filtro migratorio en un territorio alterno diferente al destino elegido por el migrante.
El caso italo-albanés está a punto de concretarse y operar en próximas fechas, luego de que el gobierno ultraderechista italiano de Giorgia Meloni y el albano del exmilitar, Bajram Begaj, ratificaron cada uno, a través de sus respectivos parlamentos, un convenio en el que Roma asume construir y administrar dos campamentos para migrantes en Albania.
Pese a la oposición de algunos partidos políticos italianos, grupos pro-derechos humanos y migrantes de la zona europea, entre otros, todo parece indicar que nada podrá evitar que todo migrante que quiera llegar a las costas italianas y que sea detenido en su intento por la Marina italiana, será conducido a suelo albano donde podrá ser retenido hasta año y medio, en tanto se define su situación migratoria.
Reino Unido y Ruanda viven algo similar, el plan que ya una vez fue anulado por la Corte Suprema inglesa, pero que de nueva cuenta fue impulsado paradójicamente por el primer ministro, Rishi Sunak, de ascendencia india y padres migrantes, entró en vigor el pasado 25 de abril.
A tan sólo unas horas de su puesta en operación, ya se tenía un primer grupo de migrantes detenido y próximo a enviar a Ruanda. Las redadas contra los inmigrantes empiezan a materializarse en el país británico y muchos en su desesperación están empezando a huir hacia Irlanda para evitar su traslado al país africano, ahora el gobierno irlandés comienza a sumergirse en una crisis migratoria en su frontera con Reino Unido.
La externalización de la recepción —o confinamiento— de migrantes en un tercer país también tuvo eco en Dinamarca, que desde hace unos años intenta aplicarlo de igual forma con el apoyo del gobierno ruandés.
Pero basta ver los resultados desastrosos en Australia, que desde hace una década envía inmigrantes a la Isla de Nauru, para reflexionar que en la aplicación del Tercer País Seguro quienes salen perdiendo siempre serán los más vulnerables: los migrantes.
En la tortuosa relación México-Estados Unidos, el tema de migración está dentro de las cinco mayores problemáticas que el electorado estadunidense sigue con interés sobre cómo Joe Biden y Donald Trump proponen atenderlo de ganar la elección presidencial en este 2024.
La exacerbada xenofobia trumpista impone presión política, no sólo del lado republicano, sino también está in crescendo de lado demócrata y hasta Biden ha decidido entrarle al tema, por lo que las agendas de ambos partidos están centradas en el control migratorio, expulsión de indocumentados, y sobre todo que México siga siendo un filtro para las oleadas migratorias de Centro y Sudamérica, sí, su Tercer País Seguro que oficialmente no lo es, pero que en los hechos actúa como tal.
Pese a la resistencia de organizaciones humanitarias internacionales que poco han podido hacer sobre el tema, el fenómeno del Tercer País Seguro es cada vez más una práctica recurrida por diversos países, que a nadie sorprenda que en breve México recurra a ello en su frontera sur.
