La guerra de 12 días que nos vendieron

Es necesario crear consciencia digital a las nuevas generaciones que navegan y se exponen a las redes sociales, ya que, así como tiene sus aspectos positivos también la desinformación viaja a sus anchas presentando imágenes fuera de contexto y manipuladas que distorsionan la realidad.

Del 13 al 25 de junio el mundo siguió el desarrollo de una nueva guerra en Oriente Medio. En estos 12 días, tanto Israel como Irán no sólo llevaron su enfrentamiento al campo de batalla a través del uso de las armas, sino que también la adaptaron a los nuevos tiempos que vivimos bajo la dominancia de las redes sociales y el creciente uso de la inteligencia artificial, todo ello para posicionar sus narrativas y generar empatía y legitimidad en sus desafortunadas acciones.

A la retórica nacionalista de ambas naciones en esta ocasión se le sumó el uso de imágenes creadas a través de inteligencia artificial para recrearnos dos mundos paralelos, bastante fantasiosos, por cierto, pero cargados de la ideología a la que los gobiernos y adeptos de las dos naciones querían transpórtanos con su claro fin propagandístico.

Sin filtros de autenticidad y veracidad, en las redes navegan miles de videos que muestran a dos naciones en conflicto en similitud de condiciones tanto militares, como de respaldo de sus propios ciudadanos y a nivel internacional, de tecnología, modernidad y sus posibles alcances. Si valoráramos lo que acontece en este mundo virtual, ambos países saldrían empatados, pero si nos vamos a la información real el panorama es distinto.

Ejemplos como el de un video de 12 segundos en donde supuestamente aparecen miles de iraníes en las calles de su país manifestándose al grito de “amamos Israel” en inglés, y en el que aseguran que “Israel está dando al pueblo iraní esperanza de libertad tras 46 años de opresión y terror”, se contrapone a otro video de 24 segundos de duración en el que presentan a supuestos israelíes pidiendo perdón a los musulmanes. “Los israelíes piden perdón a los musulmanes. Musulmanes, por favor, perdónennos.”, presentaba la publicación compartida en X.

En otro video de 10 segundos aparecen varias mujeres iraníes con vestimenta militar trabajando desde un centro de comando y en el cual monitorean los misiles lanzados destaca la frase: “El antiguo Imperio Persa hoy Irán una vez más mostrando su poder al mundo”. En otro video se difunden imágenes de un aeropuerto israelí con varias aeronaves incendiadas con el mensaje: “¡Éste es el aeropuerto de Israel, destruido por un misil iraní! ¡Israel ha causado destrucción en muchos países! ¡Ahora el propio Israel está ardiendo! ¡Y Netanyahu es responsable de todo esto!”.

Como estos ejemplos, muchos más inundaron las redes presentando imágenes crudas y testimonios que se viralizaron de forma inmediata y potenciaron el activismo tradicional, pero también el creciente activismo digital, ése que florece ya por doquier. En el mejor de los casos ayuda para presionar a los gobiernos a sentarse a solucionar sus conflictos por la vía diplomática, pero en el peor exacerba el odio, la división y la manipulación.

Es necesario crear consciencia digital a las nuevas generaciones que navegan y se exponen a las redes sociales, ya que, así como tiene sus aspectos positivos también la desinformación viaja a sus anchas presentando imágenes fuera de contexto y manipuladas que distorsionan la realidad.

Las herramientas digitales llegaron para quedarse y nosotros adaptarnos a ellas, las guerras en lo sucesivo serán similares a la reciente; pasamos de una cobertura de los medios tradicionales a una donde gobiernos y ciudadanos que difundan información en las redes sociales y con el acompañamiento de la IA, moldearán nuestra percepción del conflicto.

Las guerras ya no sólo se ganarán en la batalla real, sino también en quien domine la narrativa en las redes.

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