El Soldado de la Patria olvidado

Ha pasado más de un siglo de su muerte y es un reto cada vez más complicado para la familia lograr que en algún momento se pueda dar una repatriación con honores de los restos del expresidente a su querida Oaxaca

El pasado 2 de julio se cumplieron 110 años del aniversario luctuoso del oaxaqueño Porfirio Díaz Mori. El héroe de 37 batallas y una carrera militar impecable sigue siendo un personaje controvertido de nuestra historia por sus claroscuros, pero muy vigente en algunos rasgos de liderazgos y discursos políticos de nuestros tiempos.

La centralización del poder, el control político y militar, el culto al liderazgo fuerte, la búsqueda permanente del orden, paz y progreso, así como ese nacionalismo pragmático que defiende férreamente la soberanía, pero al mismo tiempo no descarta la inversión extranjera para consolidar la modernidad del país, son algunas de las características de un porfirismo que se repudia en la arenga pública, pero que se profesa en las decisiones políticas actuales.

Hemos transitado por los gobiernos revolucionarios, los 80 años del PRI, el PAN y ahora Morena y no se ven indicios de una reconciliación con la figura del general Díaz. Al contrario, se le sigue atribuyendo a su administración como el origen de muchos males que se replicaron en otras etapas de la vida del país, sin tomar siquiera en cuenta el contexto político, económico y social en el que gobernó, que fue a finales del siglo XIX y principios del XX.

Hace unas semanas, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, fue cuestionada sobre la repatriación de los restos de Porfirio Díaz que se encuentran en París en el cementerio de Montparnasse y al recordarle el periodista que Díaz, fue llamado incluso El Soldado de la Patria por el propio Benito Juárez, se limitó a decir que “lo que no queremos es que regrese el porfirismo. La otra parte la podemos debatir, es un buen debate”, reiteró.

Un debate que como en muchas otras ocasiones seguramente no llegará. Es claro el desinterés que han mostrado los gobiernos posteriores al porfiriato en siquiera discutir una revaloración más justa sobre la biografía de Porfirio Díaz, porque encuentran en él al antagonista que embona perfecto en la retórica política según la conveniencia del gobierno en turno, y en consecuencia queda descartada una evaluación integral de su periodo y sólo se reproduce una versión oficial acotada.

Ha pasado más de un siglo de su muerte y es un reto cada vez más complicado para la familia lograr que en algún momento se pueda dar una repatriación con honores de los restos del expresidente a su querida Oaxaca. La constante en las diferentes generaciones de los familiares de Díaz ha sido el de esperar que vengan mejores tiempos políticos para ello. Éstos no han llegado en 110 años y conforme pase el tiempo habrá cada vez menos una verdadera voluntad política para acompañar ese deseo familiar.

Si bien un regreso a México de los restos de Porfirio Díaz seguirá en la incertidumbre, la familia juega un papel fundamental para construir y promover, al menos, una versión más completa y balanceada de la historia del oaxaqueño. Es importante que impulsen la apertura y preservación de archivos familiares, apoyen investigaciones imparciales e iniciativas de memoria histórica y de reconciliación, así como, actividades de divulgación cultural que fomenten el conocimiento de esta etapa histórica; y, sobre todo, que participen en el debate público de forma responsable y crítica.  

Porfirio Díaz escribió en su renuncia: “Espero que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional un juicio correcto que me permita morir llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagraré a mis compatriotas...”.

El Soldado de la Patria sigue en París esperando que un día México le perdone sus pecados, quizás él ya le perdonó esos olvidos que no cuentan de su historia.

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