Vota, vota la pelota
La hipnosis colectiva se echó a andar ayer por la mañana. Sin necesidad de una espectacular ceremonia inaugural, con dos cantantes y dos discursos, la Copa del Mundo inició acciones, totalmente previsibles, como demostró el resultado del primer encuentro. Puesto que ...
La hipnosis colectiva se echó a andar ayer por la mañana. Sin necesidad de una espectacular ceremonia inaugural, con dos cantantes y dos discursos, la Copa del Mundo inició acciones, totalmente previsibles, como demostró el resultado del primer encuentro. Puesto que esto sucede en Rusia, evocando a Lenin, tal vez, diríamos que el futbol, opio del pueblo, comenzó a hacerse de nuestras mentes.
No es casualidad que la primera canción de Robbie Williams ayer en la inauguración se llama Déjame entretenerte para que no quede duda de que esta magno evento, que se repite cada cuatro años es un colosal negocio cuyo principal objetivo es divertir. Verter a otro lado la atención de la masa. No cabe la menor duda de que lo logra.
A mayor abundamiento, la misma mañana nos enteramos que la FIFA votó y aprobó que el Mundial de 2026 tenga una sede triple: Estados Unidos, Canadá y México. ¿A quién le importan las propuestas de nuestros futuros gobernantes inmediatos? Vamos a ser, por tercera vez, la capital del futbol del mundo por un mes. Carajo, ¿no les da orgullo?
Todo lo demás vale sorbete. La violencia en nuestro territorio entero, los asesinatos de tantos aspirantes a funcionarios, la corrupción y la impunidad, las sucias campañas políticas, todo eso pasa a segundo plano. El Mundial viene a nosotros porque no todos podemos gritar nos vamos al Mundial.
Más de 45 mil mexicanos están allá, con sombrero charro y billetera repleta.
Solamente espero que ninguno de ellos se mee en la llama eterna dedicada al soldado desconocido en el Kremlin, como un paisano lo hizo en la lámpara votiva que arde abajo del Arco del Triúnfo en París, apropósito de otro Mundial. Me consta que los policías rusos son menos tolerantes.
PILÓN.-La gente pensante se está preguntando quién fue realmente el ganador en un asunto tan confuso como engañoso.
No me refiero a la farsa llamada debate presidencial el otro día en Mérida, sino a la otra farsa, la del martes en la isla de Singapur, con la actuación estelar del escurridizo Donald Trump y el dictador de Corea del Norte, Kim Jong-Un. A todas luces, el único que hizo concesiones de carácter práctico. El líder coreano no fue más allá de las huecas palabras de pacificación de la península coreana que ya estaban en un previo acuerdo de 1992.
Las siguientes maniobras militares en Corea del Sur con participación de Estados Unidos —que los gringos llaman War Games— estaban programadas para el mes de agosto próximo. No habrá, como parte de las consecuencias de la cumbre de Singapur, para sorpresa en Seúl y en Washington, igualmente, el Presidente dijo que se iba a ahorrar así enormes sumas de dinero. Pero Trump fue más allá: en una de sus declaraciones se refiere a la retirada de las tropas estadunidenses diciendo quiero a los muchachos de regreso.
En la capital china se publica en inglés el Global Times, que como todos los medios, pertenece al gobierno. Su editorial reciente está encabezado. El fin de los juegos de guerra será un gran paso adelante para la península.
Los norteamericanos no saben si Trump está jugando al ingenuo o si realmente lo es.
