Señora tentación
La carta de Donald Trump al próximo presidente Andrés Manuel es un señuelo demasiado atractivo como para tragárselo apresuradamente. Sólo en apariencia hay un cambio radical de actitud alrededor del Tratado de Libre Comercio de América Norte. Lo que era una lacra, el ...
La carta de Donald Trump al próximo presidente Andrés Manuel es un señuelo demasiado atractivo como para tragárselo apresuradamente. Sólo en apariencia hay un cambio radical de actitud alrededor del Tratado de Libre Comercio de América Norte.
Lo que era una lacra, el peor tratado que los Estados Unidos haya jamás tenido, se convierte de pronto en algo no sólo deseable, sino hasta indispensable. Y pronto.
En esas dos palabras reside la trampa. Si no se cierra la negociación al modo que le convenga y en el plazo que él establezca, Estados Unidos caminará en este asunto por otro camino.
El modo que le conviene a Trump es que México y Canadá cedan en los dos temas fundamentales que han atorado las conversaciones: las reglas de origen para las partes de la industria automotriz y la autoridad competente para resolver diferendos.
El presidente de Estados Unidos pretende que las partes automotrices sean mayoritariamente de origen en su país y que en su país sean resueltos los probables desacuerdos futuros. El plazo conveniente para la administración Trump es antes de las elecciones intermedias de la primera semana de noviembre.
El hombre en campaña, de aumentar su presencia en el Congreso, quiere mostrarle a sus votantes que consiguió doblegar a sus socios comerciales en las dos principales diferencias. No dirá que lo hizo por el camino del chantaje, pero eso es evidente.
De manera no tan soterrada, don Jesús Seade, designado negociador comercial del próximo gobierno mexicano, le dijo a The Wall Street Journal de su disposición a una mayor flexibilidad, precisamente en los dos temas en cuestión. A cambio de ceder en esos dos puntos, México no aceptaría la condición de cláusula de extinción a los cinco años del Tratado ni los aranceles estacionales a los productos agrícolas de nuestro país.
Por su lado, el secretario del Tesoro norteamericano anticipa que muy pronto —antes de las elecciones— se logrará un acuerdo que deje contentos a todos.
Tran tran. Y todos contentos. Los tres gobiernos podrían, eventualmente, aparecer como adalides, defensores de los intereses de sus gobernados. Las cesiones que se hayan tenido que hacer, por cada parte, se podrían ocultar con facilidad. La tentación es muy grande.
No podemos hacernos tontos y olvidar que la política es el arte de lo posible y el oficio de la transacción. Me das y te doy. Los buenos políticos son los que logran la mejor tajada del pastel sobre la mesa. Eso es precisamente lo que sabe hacer Donald Trump y lo que está haciendo ahora con su carta al próximo presidente mexicano.
Sería deseable que ayer en Washington haya comenzado la última y definitiva negociación del nuevo Tratado de Libre Comercio. Sería más deseable que los negociadores de México no sucumban a la tentación de la inmediatez y cedan en lo esencial.
PILÓN.- Parece una venganza de proporciones bíblicas por parte de la naturaleza. La gente se está muriendo de calor en gran parte de México, de inundaciones en Laos o achicharrados al lado de Atenas o en los bosques de California. Todo puede tener explicaciones lógicas; no obstante, no se nos debe escapar el innegable hecho de que todo el ecosistema del mundo está entrelazado y que el sobrecalentamiento del planeta es algo que está aquí y avanza lentamente desde los polos hacia el ecuador. Y poco importa de que los que hoy estamos vivos no vayamos a llegar a su conclusión. Lo harán nuestros hijos o nietos.
