Sé que mientes al besar y mientes al decir te quiero
La repentina decisión de Donald Trump revirtiendo, parcialmente, la separación de hijos y padres de los indocumentados destinados a ser deportados nos enseña varias lecciones. Primero, que lo único que no debemos hacer cuando nos encontremos en situaciones adversas es ...
La repentina decisión de Donald Trump revirtiendo, parcialmente, la separación de hijos y padres de los indocumentados destinados a ser deportados nos enseña varias lecciones. Primero, que lo único que no debemos hacer cuando nos encontremos en situaciones adversas es quedarnos callados, no protestar ni hacer frente a la ofensa. Si a regañadientes el Presidente de Estados Unidos emitió una orden ejecutiva para cesar la inmediata separación de padres e hijos fue merced a la presión nacional e internacional ante la estupidez y los tintes fascistas de meter a los niños y adolescentes —una de ellas con síndrome de Down— en una reproducción de las jaulas de alambre de la cárcel ilegal de Guantánamo. La misma esposa de Trump, que normalmente no hace bulto, y las exprimeras damas aún vivas expresaron su condena. El mismo papa Francisco no podía quedarse callado.
Qué bueno que así fue, pero no nos engañemos. La medida presidencial cesa la separación de padres e hijos, pero ya hay dos mil quinientas familias cercenadas. Hay padres que ya están en Honduras o Guatemala y sus hijos siguen en Brownsville, Texas, y nadie proporciona medios ni apoyo para reunir a estas familias. El plan Trump no contempla ningún proyecto de reunificación y el destino de estos dos mil quinientos menores sigue incierto.
En segundo lugar, la decisión ejecutiva no pone fin al programa llamado “tolerancia cero”, que sigue considerando un delito el hecho de cruzar la frontera de Estados Unidos sin los papeles adecuados. Eso implica todavía detención y deportación inmediata, sin derecho a un juicio de inmigración, como dice la ley. Hay muchos mojados, especialmente centroamericanos, que andan huyendo no solamente del hambre, sino también del terror político y policiaco que en sus países impera. La posibilidad del asilo político o humanitario está, con la tolerancia cero, desaparecida.
Todo es una mentira, disfrazada de caridad o comprensión humanitaria. Se trata de encubrir una política fascista que pensamos que había desaparecido con la derrota de la Alemania de Hitler en 1945, hace 73 años.
Eso implica no cesar en la presión internacional, en la búsqueda de la solidaridad de los sectores menos imbéciles de la sociedad estadunidense y sus políticos, para detener el tren enloquecido del neofascismo de Donald Trump. Ya se probó que de algo sirve.
PILÓN.- Por si había alguna duda, la candidatura de Jaime Heliodoro, El Bronco, resultó como todos lo sospechábamos, chafa. Hubo uso indebido de recursos públicos, ya en la forma de empleados de gobierno cosechando firmas de apoyo en sus horas de trabajo bajo consigna, ya recibiendo recursos de procedencia ilícita.
Una pinche multa de 739 mil pesos. ¡Viva la democracia!
