Se me concedió volver

A mí se me afiguraba que no te volvería a ver… Felipe Valdés Leal, El ausente. De todas las reformas estructurales propuestas por Enrique Peña Nieto y aplaudidas como focas de circo por todas las fuerzas políticas del México de hace ...

A mí se me afiguraba que no te volvería a ver…

                Felipe Valdés Leal, El ausente.

De todas las reformas estructurales propuestas por Enrique Peña Nieto y aplaudidas como focas de circo por todas las fuerzas políticas del México de hace cinco años y pizcacha, la Reforma Educativa fue siempre la más endeble, como aquí se dijo oportunamente. El aparato que armó, promovió y llevó a “feliz” término el proyecto no tenía nada que ver con el fenómeno educativo. En su texto nunca hubo una sola mención a la propedéutica, didáctica, metodología, planeación, programa o desarrollo de un proyecto para educar a nuestros jóvenes. Mucho menos ir al detalle de los planes de estudio, carta de calificaciones, financiamiento y proyección al futuro de nuestros escolapios.

La Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto fue un instrumento político para poder desbaratar la enorme estructura de poder político que la maestra Elba Esther Gordillo había hecho a partir del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, el mayor sindicato que existe en América Latina. Era, y así lo entendimos los mexicanos, lo que los franceses llaman un déjà vu, esto ya lo vi. Por el peligro político que Joaquín Hernández Galicia le representó a Carlos Salinas, La Quina perdió la libertad, pero, sobre todo, el poder.

Elba Esther Gordillo perdió durante 5 años, 5 meses y 11 días la libertad; nunca el poder. Tan no lo perdió que en su reaparición pública de ayer pudo decir firmemente que junto con la exoneración de los delitos que se le atribuyeron, “la Reforma Educativa se ha derrumbado”. El presidente electo, López Obrador, en presencia del presidente Peña Nieto ratificó: Una reforma va a ser sustituida por otra reforma.

Este juego de posturas se dio exactamente el día en que 25 millones de niños y niñas de nuestro país entraron a sus aulas para el ciclo escolar que comenzó. Muchos regresaron a aulas sin agua o baños. Otros, a aulas sin paredes. Muchos, a aulas sin maestros. Algunos, con maestros incapacitados.

Ni a López Obrador ni a Peña Nieto ni a Elba Esther les importó un pito las circunstancias físicas en que iban a recibir educación desde ayer 25 millones de alumnos. Mucho menos, las circunstancias educativas. A todos ellos lo único que les importa es de qué manera pueden utilizar a los niños, a los alumnos, a los estudiantes, a los universitarios, al “futuro de nuestro país”, como piezas en un juego de ajedrez, que es siniestro porque en éste no ganan ni las blancas ni las negras.

Así, en blanco y negro, se presentó, en traje de dos piezas, la que fue líder del magisterio nacional por tantos años, y lo será de nuevo, en un hotel cercano a su departamento. Con voz firme y apariencia fresca. Pareces amapolita cortada al amanecer.

Yo, personalmente, mantengo una gran duda sobre la culpabilidad de la maestra Elba Esther en los delitos que se le imputan. Al final del día, la señora manejó por muchos años los recursos financieros de su sindicato, provenientes de las cuotas que sus afiliados aportaron, y que esos afiliados le dieron poder legítimo para usarlos en lo que creyera conveniente para bien del gremio. Cosa que, me consta, hizo en múltiples instancias. Sin pretender hacer parangón, es lo mismo que podría decir el senador Carlos Romero Deschamps con los dineros del sindicato petrolero. Pero bueno, eso es cuestión de judicatura. Y a mí de lo que menos se hubiera ocurrido escribir es de política.

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