Por vez primera

Uno puede ver este asunto de las novatadas como una ceremonia de iniciación que tiene su origen, tal vez romano, en los tratos de ingreso nuevo; cuestión religiosa, diríamos

Hace mucho tiempo. Más o menos en el tiempo en que perdí mi virginidad, cuando entré a la preparatoria, el uso de los barbajanes, que habían heredado, era trasquilar a los de ingreso nuevo. En montón agarraban al muchacho y le cortaban lo que tuviera de mechas en la cabeza. Yo, que entre mis virtudes escasas no se cuenta la osadía, opté por ir un día antes a la vecina peluquería Mena para solicitar sus cómplices servicios. Los cabrones no tuvieron nada que cortar.

Uno puede ver este asunto de las novatadas como una ceremonia de iniciación que tiene su origen, tal vez romano, en los tratos de ingreso nuevo; cuestión religiosa, diríamos.

Puede aplicarse a las novatadas actuales; no pasa de las travesuras que todo el emerger de las hormonas de su tiempo disparan. Pero leo en los periódicos que uno de un par de muchachos, que extrañamente querían ser maestros rurales, ha fallecido a consecuencias de golpes en su abdomen propinados por sus coetáneos en la iniciación. La novatada. Uno paga, sin duda, el precio de ser joven; por eso cuando se llega a la universidad le cortan el pelo, le patean los testículos, le escupen por doquier y todo lo demás.

También me entero del enorme número de embarazos de adolescentes, generalmente no deseados. Aquí hay, desde luego, la ausencia de educación. Generalmente equivocamos los términos y nos casamos con la idea de que la educación se adquiere en la escuela, cuando en realidad la mamamos de las tetas de mamá y la escuchamos de los regaños de papá.

Siempre hay una primera vez, suelen decir las mujeres, y callamos los varones.

Yo no tengo religión alguna; pero sí me duele pensar que niñas que pudieren ser mis hijas se viesen en la única alternativa del aborto. Si ésa es su decisión, vale. Si es compulsión inevitable, para nada.

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