Popotitos
Hay una histeria generalizada en nuestro país en torno a los tubitos que en los últimos decenios algunos han usado para chupar bebidas diferentes. Los popotes. Yo pertenezco a la generación que nunca bebió agua embotellada y que con frecuencia hizo del grifo callejero ...
Hay una histeria generalizada en nuestro país en torno a los tubitos que en los últimos decenios algunos han usado para chupar bebidas diferentes. Los popotes. Yo pertenezco a la generación que nunca bebió agua embotellada y que con frecuencia hizo del grifo callejero un bebedero con el cuenco de las manos como taza. Por aquel entonces, cuando nos alcanzaba para comprar un licuado de plátano, fresa o limón, el tubito para chuparlo era hecho de enrollado papel encerado. Claro, entonces el taco también se servía en papel de estraza y el agua fresca en vaso de vidrio, procedente de una panzona garrafa con un cucharón.
Entonces, en algún momento hace algo como unos cincuenta años, entró la revolución tecnológica, los plásticos, la baquelita, el polietileno, los poliuretanos, los poliestirenos y una larga cola de productos que están en nuestra cotidianidad.
Por alguna extraña razón, los tubitos de plástico, los popotes, han sido escogidos como el objetivo principal de la campaña en su contra. Tengo una querida sobrina que se irrita si en la mesa yo no rechazo que me den popotes para tomar mi margarita.
Ahora, a mí me gusta lamer la sal de la copa.
Sí, es cierto. Los plásticos de los que están hechos los popotes tardan decenas de años en desintegrarse, o más bien dicho, en reintegrarse al sistema ecológico; nunca lo veremos.
El asunto es que en esta novela alguien, presumiblemente un competidor comercial, decidió quién es el villano favorito: los popotitos. Porque si los popotes tardan cien años en desintegrarse en la mar, donde contaminan, el mismo o más tiempo tardan en descomponerse los más voluminosos vasos, platos, copas y, sobre todo, botellas para el agua y otras bebidas que ya vimos en la televisión las islas que forman de contaminación, podredumbre y retraso.
Yo creo que el tema no está en los popotitos; es una cuestión económica y a los intereses económicos les importa un pito la contaminación ambiental o el sobrecalentamiento global. Uno, individuo al fin, puede rechazar que le den un popote para su refresco como pide mi sobrina. Nada cambiará en la polución total.
PILÓN.- Puede ser muy popular la medida, pero es injusta. Ya está claro que los expresidentes de México dejarán de tener sus privilegios. No hay duda, la aplanadora de Andrés Manuel va a hacer realidad una de las pocas promesas de campaña que se pueden realizar con el voto en la cintura. Pero todos debemos estar de acuerdo en que al cabo de cierto tiempo de trabajo en cualquier área, todos tenemos derecho a una pensión para el tranquilo retiro de nuestra vejez. En nuestro país, a veces es una cantidad ridícula, ya lo he señalado, pero siempre representa una mínima justicia.
A todo el que trabajó y pagó sus impuestos el Estado debe recompensarle en su vejez. Eso incluye a los expresidentes de la República, independientemente que en su vida hayan acumulado o no alguna riqueza. No se puede, no se debe, hacer un cajón especial de la ley en el que todos somos iguales, pero hay unos menos iguales que los demás.
Puede ser muy popular la medida, pero es injusta. Probablemente, las remuneraciones y servicios que los expresidentes reciben hoy sean excesivos. Vamos revisándolos, pero no los eliminemos de un plumazo en una decisión que parece de venganza y que, con el tiempo, puede cobrar intereses. Las medidas, antes de ser populares, tienen que ser justas.
