Luna de miel

La mayoría en el Congreso va a poder modificar cualquier concepto legal que nos rige. El Presidente electo es dueño de ese ente del poder

Nunca sabré, por qué siento tu pulso en mis venas.

                Nunca sabré, en qué viento llegó este querer.

                Martinez Mestres-Mikis Theodorakis, Luna de miel.

Mi abuela solía ser certera en sus adagios, más no siempre.

En uno de sus menos afortunados, afirmaba que mal empieza un matrimonio que adelanta la noche de bodas. Claro que estaba equivocada o —nunca le pregunté— había perdido la memoria del funcionamiento de su, supongo, virginal hipotálamo.

Los mexicanos —bueno, la mitad más uno— siguen hoy viviendo el paroxismo de su luna de miel con el Presidente electo, López Obrador. Con dificultad, pero muy pronto, se van a dar cuenta de que los espejismos, que en el desierto son realidades ilusorias provocadas por el reflejo de la luz del sol en la arena, acaban por desaparecer.

Cualquier ser pensante entiende la imposibilidad de muchos de los proyectos anunciados por el próximo señor Presidente. Por ejemplo, darle a todo joven que tenga la intención de ingresar a una universidad pública ingreso automático y gratuito. De un cuarto de millón de aspirantes, menos de cincuenta mil ingresaron. No hay lana que lo pague. Ni aulas que los alojen ni maestros que los instruyan. Ni patrones que luego les den chamba.

Ni todo joven lo merece. En ningún país del mundo.

A los que somos de la tercera edad puede agradarnos la duplicación de la méndiga pensión, que nos sirve para dos cosas: para nada y para una chingada. Y así por el estilo; todas las ofertas generosas para los jodidos no son más que el lobo en piel de cordero. Es la compra de votos a perpetuidad.

Esta luna de miel con el próximo nuevo Presidente tiene una proyección que inventó Carlos Salinas de Gortari: la urgencia de la permanencia. Todos hemos denunciado que el reparto de escuálidas despensas, tarjetas de Monex o efectivo a cambio de una foto de la credencial del INE es una compra de votos.

¿No es lo mismo el estipendio que se va a dar a los ninis, que recibirán tres mil pesos al mes por no hacer nada más que guardar su voto para cuando Andrés Manuel les diga? ¿O los viejitos que todavía votan?

La mayoría en el Congreso de la Unión —al que todavía llaman Honorable— va a poder modificar cualquier concepto legal que nos rige. El presidente electo, López Obrador, es dueño de ese ente del poder. Y no nos quede duda de que va a ejercer ese privilegio.

En esta luna de miel, ¿si al Presidente se le ocurre darle reversa a aquello de la No Reelección de su “venerado” Madero? Ya tiene miles de millones de votos.

Los noviazgos, cuando salen bien, devienen matrimonios.

Los divorcios, cuando salen bien, se convierten en amistades. Las lunas de miel no saben de pronósticos.

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