La Rielera
Cuando me dicen que ya se va el tren, adiós mi rielera ya se va tu Juan Este país tan mítico se aproxima a dos tentaciones simbólicas para hacerse el harakiri. La próxima semana serán cincuenta años en que una marcha ...
Cuando me dicen que ya se va el tren,
adiós mi rielera ya se va tu Juan
Este país tan mítico se aproxima a dos tentaciones simbólicas para hacerse el harakiri.
La próxima semana serán cincuenta años en que una marcha pacífica y una bengala provocadora desataran en la plaza de Tlatelolco una balacera de incierto origen que dejó entre veinte y quinientos muertos, lo que usted elija del lado en que esté. En su último informe presidencial, la “verdad histórica” fue asumida por Gustavo Díaz Ordaz, aunque la verdad-verdad nos la quedan a deber. Lo más chistoso de todo es que los que van a marchar diciendo dos de octubre no se olvida no habían nacido entonces.
Se cumplen cuatro años de otro enigma: 43 estudiantes de una escuela normal rural del estado de Guerrero desaparecieron. En una secuencia muy ligada al narcotráfico, los jóvenes fueron supuestamente ejecutados e incinerados en una ladera repetidamente vista en la tele. De cuando en vez, hoy mismo, un contingente de los supuestos parientes de los difuntos hace manifestación pública y los que de ellos se aprovechan gritarán: vivos se los llevaron, vivos los queremos, afirman perfectamente sabedores de que eso es una bandera política y no un reclamo válido. Los muchachos no están vivos y punto. Pero en Tlatelolco y en Ayotzinapa hay cadáveres que explotar.
Lo grave de la agresión de las pandillas regiomontanas el domingo es la facilidad con la que los que manejan masas pueden orientar conductas. En un partido de futbol o en una manifestación política. Sí, leo en paredes cerca de mi casa: los mató el gobierno. En Guerrero o en Tlatelolco. Nunca nadie ha presentado documentos que sustenten su aserto. Pero en este país, en que poco se honra la palabra, lo que se grita es la verdad. Como si fuese uno Donald Trump en la inútil e ineficiente Naciones Unidas de ayer: no a la globalización, sí al patriotismo. America first.
Algo así como lo que dijo en Munich en 1938 Adolf Hitler. Y así nos fue.
Frente a eso, un par de horas después, en la ONU, el presidente Peña debió mandar un boletín de prensa en lugar de su frágil discurso.
PILÓN.— Acaba de suceder el centenario del nacimiento de uno de los prosistas más deliciosos que México ha tenido.
Rita Murúa, poeta, me llevó en diciembre de 1960 a conocer a Juan José Arreola, quien en su casa en la colonia Anzures de inmediato se indignó esa noche porque yo no jugaba ping pong ni dominaba el ajedrez, sus aficiones favoritas. Le importaba un pito que yo hubiera aprendido a leer con los cuentos de Francisco Rojas González en El Diosero o el kafkiano cuento de Arreola El Guardagujas y los escritos de su paisano Juan Rulfo. Luego entendí, al volver a leer sus cuentos, que todo ello era una falacia, una actitud teatral. Muchos años más tarde, cuando ya ambos estábamos en la televisión, y el de Zapotlán el grande recorría las calles de la Ciudad de México sobre una bicicleta y era sucedido de una capa negra para luego aparecer en la pantalla, me cayó el veinte.
Cien años ha.
