De bote en bote
La arena estaba de bote en bote. Una tardenoche veraniega de hace setenta años, mi papá me llevó a ver la primera función de lucha libre que en mi vida vi, espectáculo que me enamoró de las luchas, en un solar rústico que se nombraba ...
La arena estaba de bote en bote.
Una tarde-noche veraniega de hace setenta años, mi papá me llevó a ver la primera función de lucha libre que en mi vida vi, espectáculo que me enamoró de las luchas, en un solar rústico que se nombraba petulante la Arena Coliseo, a dos cuadras de nuestra casa. Desde entonces he presumido la calidad de mis paisanos, los regiomontanos, en los eventos deportivos. El motivo de mi jactancia es precisamente la memoria de ese chamaco que de mano de su papá fue a ver luchar a la Tonina Jackson contra el Médico Asesino. Desde entonces, en Monterrey, he visto ir a los toros, a las peleas de box, a las luchas, y al futbol a parejas de enamorados, a matrimonios —tal vez menos enamorados— a padres e hijos, a nietos y abuelos sin temor alguno por su integridad. A muchos papás llevando de la mano a sus hijos.
Cuando escribo esto no estoy cierto de si Rodolfo Manuel Palomo Gámez sigue vivo o sigue agonizando en el Hospital Universitario “Dr. José Eleuterio González”, que antes era simplemente el hospital civil. O si ya es cadáver.
Rodolfo iba el domingo al estadio de la Ciudad Universitaria para ver el partido de futbol entre los Tigres de mi universidad y los Rayados del Monterrey. Pero resulta que llevaba la camiseta equivocada. Los de la otra camiseta lo agarraron, con las garras, claro, y le dieron de golpes, patadas, pedradas, escupitajos, mentadas —que son las que más duelen— y un par de puñaladas en el vientre, que son las que matan, en la avenida Aztlán.
Desde luego que hay una irresponsabilidad de las autoridades. Los administradores del negocio del futbol, como el señor Yon de Luisa, aducen que este crimen se cometió fuera del estadio y entonces no tiene nada que ver con el futbol. En las imágenes que conocimos del evento hay una patrulla que se va de la escena de un delito, en actitud que es cómplice o cobarde. Que viene siendo lo mismo.
Pero eso también nos salpica. A todos.
En vísperas de los enfrentamientos deportivos que se significan por una rivalidad intensa, los medios propician un subrayado emocional. Barcelona contra Real Madrid, América contra Guadalajara, pasan de ser encuentros deportivos a fenómenos emocionales; en ese momento se convierte a nosotros, los espectadores, en militantes.
Con todo el respeto que tengo a la milicia, la peor condición de un ser humano es ser militante de algo. La afiliación total, sin cuestionamiento, es negación del pensamiento y ratificación de la fe. Fe y adhesión total a la Iglesia, el partido, el dirigente, el general, el presidente o lo que uno piensa que eligió como su militancia.
Cuando este planteamiento se enfunda en una camiseta de futbolista o en unos choclos que buscan el gol, no solamente pierde el misticismo que otras entidades tienen: Resulta simplemente vulgar.
Necesitamos retomar la función social del entretenimiento. Divertir es un concepto de Pascal que cambia el curso de nuestra atención para dejar de ocuparnos de las cosas serias. Y eso es todo. Monsiváis tuvo el tino de identificar esa lucha libre a la que me llevó mi papá aquella tarde noche como el único y auténtico teatro popular mexicano. Es muy peligroso que el futbol soccer de nuestro país sea el sustituto del circo romano.
Con todo y sangre.
