¿A dónde irá, veloz y fatigada…?
El fenómeno que está definiendo al siglo veintiuno se llama migración, aunque desde antes fue el motor omnipresente de la civilización. La migración es el fenómeno más antiguo de la historia de la humanidad. Solamente gracias a las migraciones motivadas por la ...
El fenómeno que está definiendo al siglo veintiuno se llama migración, aunque desde antes fue el motor omnipresente de la civilización.
La migración es el fenómeno más antiguo de la historia de la humanidad. Solamente gracias a las migraciones motivadas por la inquietud del espíritu humano, el clima o la guerra, el hambre o la enfermedad, las tribus originales de África, Siberia, Papúa o cualquier otro sitio pudieron en el curso de millones de años poblar el planeta a niveles de insostenibilidad: no somos capaces de producir todos los alimentos que serían necesarios para alimentar dignamente a la totalidad de los habitantes de la Tierra.
Además de la población de los territorios, la migración propició lo más importante, la mezcla de razas. Las parejas interraciales, que siguen siendo vistas de mal modo en países como los del lejano Oriente y la zona árabe y judía, han desarrollado paso a paso un mejor ser humano. Mejor ser humano en su constitución física, pero, especialmente, en su visión del mundo.
Todos los países del mundo han vivido, y se han beneficiado, de la migración y la interracialidad. Nosotros con el mestizaje, que es, seguramente, el mejor ejemplo en América. Los españoles, al querer o no, recibieron el contagio de los siglos de ocupación árabe. Los rancios ingleses tuvieron que aceptar, en diferentes grados, la inyección de sangre de las viejas colonias de la corona.
Estados Unidos de Norteamérica es el epítome de una nación de naciones, de un crisol de migraciones. Los primeros pobladores venían huyendo, precisamente, de la intolerancia religiosa de Inglaterra. Después de cada guerra y cada crisis económica mundial que provocaron, los norteamericanos fueron sometidos a las enormes olas de inmigrantes, mayormente por causas económicas.
Los pobres polacos, alemanes, judíos, mexicanos, italianos, libaneses, turcos y de tantas otras naciones fueron forjando la columna vertebral de la Gran América. Todos los que esto sabemos, que somos la mayoría del mundo entero, quedamos pasmados ante el nacifascismo de Doland Trump y su fobia aintiimigrante. No hay quien lo entienda, pero todos sabemos que estas golondrinas no van a marchar veloz o fatigadas. Se van a quedar ahí porque es la tierra que ellos y sus ancestros —tantos mexicanos— han hecho.
PILÓN.- Precisamente en un ambiente en que los beodos ricos que pudieron ir a Rusia a presenciar el Mundial 2018 pueden provocar multas a la Federación Mexicana de Futbol por el grito de ¡Eeeeh putooo!, incluyendo en las sanciones el retiro de puntos ganados y, eventualmente, la descalificación del campeonato; en el smog mundial que ha provocado Donald Trump con su intolerancia del más puro estilo del nazismo más cruel, precisamente, en esta atmósfera se realizará mañana el desfile llamado originalmente del orgullo homosexual. Ahora ha extendido sus alas para cobijar no solamente a homosexuales, lesbianas, transexuales, transgénero y otras modalidades de la diversidad sexual.
Hoy, todavía en 72 países del mundo, incluyendo la futbolera Rusia, ser homosexual es un delito. En ocho conlleva la pena de muerte.
La realización de esta marcha del sábado en la capital de México puede ser, a pesar del carácter misógino y homofóbico de buena parte de nuestra sociedad, una muestra de un espíritu de tolerancia e inclusión que ya debiera ser una permanente de nuestra cultura social.
Ojalá que lo podamos ver.
