The nigger of the world
We make her to paint her face and dance If she won´t be slave, we say that she don´t love us I she´s real, we say she´s trying to be a man While putting her down we pretend ...
We make her to paint her face and dance
If she won´t be slave, we say that she don´t love us
I she´s real, we say she´s trying to be a man
While putting her down we pretend that she is above us…
John Lennon, Yoko Ono, Woman Is The Nigger
Of The World
Ser mujer no debe ser fácil en estos tiempos. Nadie ha dicho que lo haya sido en otros, pero cuando la defensa de las mujeres y sus derechos se intensifica como sucede en este siglo, parece que la dificultad de ejercer su género es particularmente intensa. El primer campo en el que la sociedad agrede a las mujeres es en la sexualidad y su ejercicio. La reciente avalancha de denuncias en todo el mundo por acoso sexual ha sido, particularmente, intensa en EU y, específicamente, en el terreno del espectáculo, el cine. Sin embargo, no es exclusivamente ahí donde las mujeres han resultado ser, como canta John Lennon, los negros del mundo.
La revista Time, que todos los años escoge lo que fue primero “el hombre del año” y ahora “la persona del año”, ha designado ayer al colectivo de redes sociales #MeToo como el agente de cambio más importante de este 2017. Le han llamado “las que rompieron el silencio” al haber con sus denuncias, desatado la catarata de denuncias en contra de hombres abusivos. El director editorial de la publicación ha señalado que este movimiento ha logrado en un tiempo extremadamente breve, el cambio de la actitud social hacia el trato de las mujeres. Cabe observar que en la etapa final de selección los candidatos a persona del año 2017 estuvieron aparentemente Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping.
Es verdad que la repentina recuperación de la memoria por parte de quienes fueron objeto de acoso, seducción o violación sexual hace 15 o 20 años demeritó las recientes denuncias en Hollywood, en nuestro ámbito, ese rechazo a las denuncias equivale a ponerse de lado del cardenal emérito Juan Salvador Íñiguez, quien llegó a acusar a las mujeres asesinadas de ser las culpables de sus propias muertes por aceptar subirse a automóviles conducidos por hombres bien vestidos que luego abusaban de ellas y las asesinaban.
Porque en México la condición de las mujeres como esclavas y víctimas, va mucho más allá de hacerles insinuaciones, tocamientos, sugerencias o propuestas directas para llegar al acueste. En México o aflojan la falda o pierden la vida. A veces la pierden de todos modos. En las estadísticas de la ONU, México ocupa el lugar 16 en la lista descendente de los países donde se presentan más feminicidios. En el 2010 llegamos a 60 muertas por cada cien mil habitantes. En Puebla mataron a 50 mujeres en 14 meses; en el país se matan seis mujeres al día. Según Inmujeres, una cada cuatro horas. En el Estado de México mataron a mil 767 mujeres entre el 2005 y el 2013; en ese mismo periodo desaparecieron mil 500, mayormente de edades entre 15 y 17 años.
Las estadísticas varían según la fuente. Lo innegable son los reportes cotidianos de las páginas “rojas” de los diarios: una desaparecida aquí, otra descuartizada allá. Un cadáver abandonado en un terreno baldío, un marido golpeador que acaba con su mujer a cuchillo o tolete.
Puede aducirse que el machismo que arrastramos por siglos es, parcialmente, el motor de esta conducta criminal. Más allá de ese factor, está la corrupción y la impunidad de un país en que todo se puede hacer cuando se tiene los medios y la decisión de violar la ley.
