No estaba muerto…

Muchos daban por muerto al Partido Revolucionario Institucional luego de las elecciones del pasado domingo. Haya sido como haya sido, la joya de la corona que fue la gubernatura del Estado de México, y muy probablemente el importante estado de Coahuila y algunas alcaldías ...

Muchos daban por muerto al Partido Revolucionario Institucional luego de las elecciones del pasado domingo. Haya sido como haya sido, la joya de la corona que fue la gubernatura del Estado de México, y muy probablemente el importante estado de Coahuila y algunas alcaldías de Veracruz, no las choncholonas, terminarán cayendo en el inventario del partido del Presidente. Aleluya, demos gracias al señor Ochoa Reza, dios flotillero de taxis que hoy es el administrador del PRI.

Resulta que el PRI no estaba muerto, desde los tiempos de Moreira andaba de parranda. En números gruesos, el PRI obtuvo el mayor número de votos en las elecciones del pasado domingo. Obviamente, en esa summa summandum cuentan los paleros patrocinados y comprados del imbécil negocio familiar del Partido Verde Ecologista y descoloridas comparsas que le acompañan. Los votos del PRI puro, comparados con el voto de Morena puro, son para que comiencen a pensar —si pueden— los que no estaban muertos. No estaba muerto…

¿Entonces, en qué parranda andaba el PRI?

En la misma cantina de siempre. En un triunfalismo otrora sustentado en el acarreo y el uso de los dineros públicos para inducir votos de pobres. Es un insulto decir, como dice El Peje, que los que votaron por el PRI son acarreados miserables que venden un voto por un pago. Todos sabemos que eso no es cierto, esencialmente, y que los ciudadanos —cientos de miles— que fueron a votar a conciencia en Coahuila, Nayarit, Veracruz y el Estado de México se sienten ofendidos cuando se les llama acarreados a despensa por voto.

Hay varias conclusiones sobre los ganadores de los comicios recientes. Para mí, el PRD sacó el pescuezo del agua gracias a Juan Manuel Zepeda Hernández, un candidato al gobierno del Estado de México —un candidato que tiene pista adelante por correr y que quedó en un muy digno tercer lugar y que puede ser el opositor de Andrés Manuel o su muy valioso aliado— y gracias a la astucia de la señora Barrales de conseguir alianzas  de partidos a veces impensables en otras geografías. A nadie, a nadie —salvo a Andrés Manuel López Obrador— le queda duda de que si el PRD y Morena, las dos fuerzas de la izquierda más importantes del país, hubieren ido juntas a las elecciones del Estado de México hubieran arrasado con el PRI, con Peña Nieto, con Del Mazo, con Atlacomulco, con todo. Algún empecinado lo impidió.

Hay varios corolarios de esta historia.

Yo no tengo idea de quién será el próximo Presidente de México a partir de 2018. De ello sólo tengo temores, a lo que se ve. De lo que estoy cierto es que el próximo Presidente de México ha de ser el último en este formato antiguo y superado, en este cartabón institucional, en esta pandilla de partidos, en esta complicidad entre iniciativa privada y los privados de iniciativa, en este enorme contubernio entre la impunidad y la corrupción. México está obligado a cambiar de raíz.

La otra conclusión es que el PRI sigue vivo. No estaba muerto, andaba de parranda. Cojo de dos patas —cantaría la  muy corriente Paquita la del Barrio— si el partido en el poder no busca con una lámpara de un Aladino colosal un Mesías que lo saque del hoyo actual, perderá la tercera pata. Y entonces…

PILÓN.— Los que ganan son los aliados, como siempre. El mensaje es muy claro, hay que hacer pandillas, clanes, gangs, sociedades mutualistas o clubes. Nadie puede ir solo. La aplanadora ha muerto. Ahora vamos a ser víctimas de las agrupaciones ciudadanas y las alianzas. Nosotros, los pendejos de entonces, seguimos siendo los mismos. Parafraseando a Pablo Neruda.

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